ÉTICA Y ESTÉTICA EN EL ARTE CIRCENSE ACTUAL
por Gladys Alvarado
Cuando me propusieron abordar el tema de la ética y la estética, aplicada a las artes circenses, decidí trasladarles a ustedes, protagonistas y verdaderos conocedores de las particularidades del Circo de hoy, algunas valoraciones personales que sirvieran de estímulo al diálogo, ya que un trabajo de otra envergadura requiere de un estudio largo y minucioso.
Cuba posee una larga tradición circense, que se traduce en la presencia de compañías fundadas antes de 1959 que, paralelamente a otros pequeños colectivos, viajaban hasta los más recónditos parajes de la geografía nacional. La carpa, espacio vital de los artistas circenses, llegó a sitios donde ninguna otra expresión del arte soñó jamás incursionar.
Los hombres y mujeres que, aún a riesgo de su propia pobreza, llevaron su embajada de alegría, sorpresa y riesgo a cada rincón del país, fueron labrando un estilo y un gusto popular por este arte milenario.
A lo largo de esos años, agrupados en compañías o de manera individual, se aprecia también la huella del Circo cubano en más de una región del continente americano, baste sólo recordar espectáculos como los de los circos Montalvo y Pubillones, para dar fe de estas aseveraciones.
Juglares, maromeros, cirqueros o artistas circenses, como hoy los denominamos, fueron el resultado del legado familiar, a través del cual se transmitió un código de valores éticos y estéticos; habilidades y amor a la profesión que se heredaban empíricamente de una generación a otra. Como fértil huella quedaron en la historia del circo los Torres, los Montalvo, los Mesa, los Leyva y otros fácilmente identificables aún en la escena nacional y a los cuales profesamos todo nuestro respeto y admiración.
Con el advenimiento de la Revolución triunfante, el arte circense se dignifica; en 1968 se nacionalizan las carpas privadas y se funda el Circo INIT, núcleo precursor del actual Circo Nacional de Cuba.
La solidez técnica de los artistas circenses de la antigua URSS, tuvo gran influencia en Cuba. La confrontación, a partir de sus giras a la isla, la formación de artistas cubanos en sus aulas, el intercambio cultural con el campo socialista y muy especialmente el asesoramiento docente soviético que se inicia en 1978 con la fundación de la Escuela Nacional de Circo y Variedades, propiciaron la consolidación de los resultados artísticos en el país.
La apertura de la academia cubana se convierte en suceso trascendente, pues se erige en multiplicador del talento circense. A partir de ese momento, jóvenes de todo el país tienen acceso a la formación profesional y el Circo cubano cobra entonces su verdadero carácter nacional.
En la actualidad y a pesar del tránsito por períodos de desencuentros y crisis económica, cada año se gradúan jóvenes valores que engrosan el talento artístico del Circo Nacional de Cuba y de otras regiones del país.
Las dos carpas de la institución actúan durante todo el año en bateyes y poblados; labor por la cual han sido nominados en más de una ocasión al Premio Nacional de Cultura Comunitaria. Los shows de los principales centros nocturnos gozan del talento circense, el cual tiene además, amplia demanda internacional e importantes galardones en festivales como el de Montecarlo, La Pista Joven de París; Primavera de Corea; Riva de Garda, en Italia y Acrobático Wigiao, en China, por solo citar algunos ejemplos.
Hoy, a treinta y siete años del nacimiento del Circo de la Revolución, el estado cubano ha puesto a disposición de la institución una hermosa carpa que será sede permanente de la actividad circense en la capital, pero que a su vez se convierte en un reto para los creadores cubanos que deben hacer un alto y meditar en torno a los problemas éticos y estéticos del Circo cubano actual.
La ética del artista:
La profesión debe asumirse como un todo indivisible, en el cual confluyen valores éticos y estéticos que se transmiten a los más jóvenes desde su etapa formativa.
La actividad circense es eminentemente colectiva; sistema en el cual interactúan artistas, técnicos y obreros, indispensables para llevar a vías de hecho el suceso artístico, pero para que este complejo mecanismo funcione a la perfección es necesario que cada uno de sus componentes desempeñe satisfactoriamente su rol.
Dado lo extenso del tema, me limitaré a enfocarlo a partir de los aspectos relacionados únicamente con el talento artístico y su conducta ante la acción creativa.
La disciplina del artista no se limita al simple hecho de llegar o no a la hora indicada, aspecto que, por demás es de suma importancia. La disciplina de un profesional se aprecia en la búsqueda permanente de los ideales de excelencia; en el cumplimiento estricto de sus compromisos de programación; en su modestia y actitud receptiva a la crítica; en el respeto a quienes nos dirigen en un ensayo o función; en el profundo amor a nuestro trabajo, ya sea en la carpa, el cabaret, el teatro o en la más insignificante actividad de extensión.
En ocasiones, apreciamos con preocupación cierto rechazo por parte de los artistas a las actuaciones en las carpas, el cual motiva evasivas bajo justificaciones diversas, así como cierto descuido de la ejecución técnica o de los atributos que complementan el trabajo profesional, entiéndase vestuario, maquillaje y peluquería, entre otros y no se debe pasar por alto que la carpa es el núcleo fundamental de la actividad circense y por ende, el lugar idóneo para la formación profesional. En ella el intérprete se encuentra sujeto a códigos de actuación y comunicación irrepetibles en otras dimensiones escénicas.
Todos sabemos que el arte tiene un carácter histórico y dialéctico, de lo cual se desprende que nuestros mayores son los portadores de la historia viva, de todo el conjunto de valores éticos y estéticos de nuestro devenir, por lo que la agudeza del joven profesional está en focalizar todo ese arsenal de conocimientos y con sumo respeto, reelaborarlo a partir de su realidad actual, impregnarle la vitalidad y el conocimiento de hoy, pero sin establecer pugnas antagónicas que solamente conllevan a resultados excluyentes.
El artista se crece durante el proceso de interacción con su público, por lo que el respeto a ese destinatario, cada vez más culto y exigente, debe estar basado en la clara definición de quién es y qué intereses tiene con respecto a nuestra oferta; para poder traducir esas expectativas en la obra de arte que espera de nosotros.
Ética es también el destierro de nuestro trabajo de todas las manifestaciones de facilismo, chabacanería o mal gusto, porque el verdadero profesional no puede jamás conformarse con la obtención de la risa fácil o el aplauso superficial, sino que, partiendo del conocimiento de sus reales habilidades técnicas, debe estudiar las vías que le permitan abordar la imagen artística a partir de la búsqueda de la belleza.
Ética es la ciencia de la conducta, la manera de asumir las múltiples facetas de la vida, en este caso profesional y para resumirla tomaré las palabras de un colega que coincidentemente plasmó en la revista Tablas sus puntos de vista acerca de la ética del actor, las cuales se inician con un axioma de Konstantin Stanislavski.
- “Amarás al arte en ti mismo y no a ti mismo en el arte.
- No tomarás el camino de tu arte en vano, sino para la humanidad.
- Sagrada harás para ti la comunión entre tu obra y los que la presencian.
- Honrarás a tus maestros y compañeros.
- No matarás tu creatividad o la de otros.
- No permitirás la imperfección en tu derredor.
- No robarás las ideas o el trabajo de otros.
- No darás falsos testimonios de la vida que te rodea, porque tu arte debe ser una expresión de la verdad.
- No consentirás pensamientos, deseos o acciones que destruyan tu arte.
- No envidiarás el talento ajeno, sino que emularás por desarrollar el tuyo propio.”(1)
La estética del circo contemporáneo:
Si en las postrimerías del siglo XX las pautas estéticas del arte circense las trazaron espectáculos como los del Circo Ringling Brothers, en este milenio la égida espectacular ha pasado a manos del conocido Circo del Sol. Integrador de todas las artes, con temáticas de sólidos basamentos filosóficos, esta compañía consigue un producto artístico que trasciende el simple “entretenimiento” y se convierte en todo un despliegue de virtuosismo y fantasía creadora.
Sin lugar a dudas que todos sabemos las fuertes sumas y los recursos tecnológicos que sustentan estos espectáculos, ingenuo sería quien pretendiera reproducir en Cuba una sola de las ofertas del Circo del Sol, pero ello no quiere decir que nos sentemos a lamentarnos ante la imposibilidad de acometer tamaña empresa.
En nuestro país contamos con excelentes artistas, con una academia que envidian los que nos visitan y con un respaldo estatal capaz de sustentar y proteger la creación, por tanto, considero que la búsqueda de la contemporaneidad en el arte circense cubano no debe sustentarse en el criterio de la reproducción fiel de un producto diseñado para espacios y públicos ajenos a nuestras realidades y recursos económicos, sino como un profundo proceso de investigación y apropiación de las claves que rigen esa contemporaneidad, ese despliegue creativo, pero sujetas a un proceso de reelaboración o recreación que posibilite imbricar armónicamente nuestras esencias y tradiciones a los nuevos lenguajes escénicos.
Pero para lograr tales resultados es necesario reflexionar sobre algunos temas álgidos, por lo que compartiré con ustedes mis valoraciones personales sobre cuáles deben ser los puntos claves de investigación y acciones concretas, si verdaderamente queremos crear el multidisciplinario circo cubano del siglo XXI:
El intérprete: Si bien es cierto que contamos con artistas de amplia solidez técnica, en algunos de ellos se aprecian limitaciones en su ejecutoria integral, que se traducen en una incapacidad de aplicar armónicamente los atributos que sirven como soporte a la ejecución técnica y distinguen al arte circense de la mera demostración deportiva, (danza, expresión corporal, actuación, pantomima, etc.).
En el caso específico de la payasada, la mayoría de los intérpretes no dominan a plenitud la técnica del clown, la cual lleva implícita el conocimiento de diversas modalidades escénicas y de la apropiación de algunos géneros circenses que complementan o enriquecen la propuesta humorística; pero esto es sólo una de las aristas del tema, ya que el payaso debe ser también un hombre culto, capaz de pulsar la sensibilidad de los espectadores, a partir de la oferta de un divertimento que contenga en sí elevados valores éticos y estéticos.
Los números: Observamos montajes que no son el resultado del estudio profundo de las posibilidades técnicas y las dotes histriónicas de sus integrantes, las temáticas abordadas se tornan impuestas e imposibles de defender satisfactoriamente por sus ejecutantes. En otros casos, la ausencia de vuelo poético o el cubaneo reiterado lastran ejecuciones que pudieran convertirse en verdaderos sucesos artísticos. También es preocupante la tendencia marcada hacia la reproducción de formatos demasiado apegados al show de cabaret, que se alejan de la estética circense y en ocasiones distancian al espectador del estilo general del espectáculo.
La música: Salvo en excepciones, no logra coexistir conceptualmente con la propuesta escénica, sino que se limita a la simple función de acompañante y en ocasiones en franco contrapunto con la ejecución del artista.
La coreografía: Debe ganar en protagonismo escénico, convertirse en cauce de la concepción general de la puesta e involucrar, en mayor o menor medida, a todo un elenco especialmente entrenado para abordar estos retos.
El diseño: Sujeto como ningún otro eslabón de la creación a los recursos económicos a disposición del espectáculo, está llamado a romper esquemas y volar hacia una imagen visual de hoy que, siendo cubana se inserte en la multiplicidad cromática y espacial del lenguaje escénico actual.
La dirección artística: La clave de la contemporaneidad está en las manos del director artístico, especialista capaz de dar riendas sueltas a la fantasía creadora, de beber atinadamente de las fuentes de lo nacional y lo universal, de imbricar en su propuesta a cada uno de los eslabones del sistema y de traducir en obra de arte coherente y bella, toda la diversidad que contiene en sí la creación circense.
La enseñanza profesional: Es el espacio por excelencia para la experimentación, donde a partir del estímulo a la creatividad de los jóvenes pudiera gestarse la ruptura de esquemas, el rescate de modalidades perdidas y el taller de integración de las artes, imprescindible para abordar los nuevos códigos del arte circense actual; todo ello en estrechos vínculos con el Circo Nacional de Cuba, sus especialistas y todo aquel que desee sumarse al reto.
Hoy podremos discrepar o coincidir, pero estoy segura que estaremos de acuerdo en la importancia de este espacio que se abre a la reflexión positiva.
Les cedo entonces la palabra, con la seguridad de que el debate superará estos apuntes.
CNiAE. Ciudad de La Habana, junio 6 de 2005.
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(1) Sicilia, Rubén. Apuntes sobre ética y teatro ⁄ Revista Tablas. 4⁄04.