LA JIRIBILLA
LA GUANTANAMERA EN LAS TABLAS DE VIRGILIO

En Electra Garrigó, singular fue la ocurrencia de Piñera de sustituir el coro griego por las décimas y música de la Guajira guantanamera con versos escritos por el dramaturgo y que recitaba un actor del elenco en su estreno mundial.

Iraida Sánchez Oliva | L
a Habana


No sería nada aventurado pensar que Virgilio Piñera (1912-1979), el talentoso dramaturgo, narrador y poeta cubano, haya tomado La Guantanamera como fuente de inspiración para concebir su obra teatral Electra Garrigó. Habría que recordar que, La Guantanamera, como comúnmente la población llamaba al programa radial El Suceso del Día, inundaba La Habana de los años cuarenta, y la melodía y las décimas de Joseíto Fernández, que narraban los hechos de la crónica roja, ofrecían material interesante para motivar a tan intranquilo escritor.
El propio título revela los propósitos que se trazó Piñera con este interesante proyecto que, más que eso, llegó a ser su primera e inolvidable obra de un total de nueve publicadas -y de veinte, si contamos los textos inéditos y de difícil ubicación. 
Siempre sintió Piñera un temor a quedarse rezagado con respecto al movimiento artístico de vanguardia del momento -los que lo conocimos sabemos que así de intranquilo era. Contagiado por el "bacilo griego", según él mismo confiesa en su artículo aparecido en Lunes de Revolución y publicado a su vez como prólogo a su Teatro completo, echa mano a los héroes de la tragedia griega y les imprime un nuevo vuelo al ubicarlos, a través de pensamiento y acción, en un espacio temporal bien diferente al del original, conjugando la altisonancia del discurso interpretativo con el humor cubano para lograr un equilibrio entre el dolor y la complacencia -este es, si no el más importante, uno de sus presupuestos artístico-filosóficos-, simbiosis con la cual logró la conjugación del humor criollo y los códigos cosmogónicos de la cultura helénica en orgánica armonía. 
Con ese afán, la obra inspirada en el viejo mito se llena de nuevos códigos estéticos y funcionales que devienen identificados, degustados mejor por el público que decodifica la información contentiva del nuevo lenguaje. Se experimenta una metamorfosis quizás sólo a niveles epidérmicos, eso sí, porque los personajes siguen siendo aquellos inmortales dependientes, sufridos y predecibles por obra y gracia del mito griego y sus fatídicos presupuestos.
En Electra Garrigó, singular fue la ocurrencia de Piñera de sustituir el coro griego por las décimas y música de la Guajira guantanamera, de Joseíto Fernández, con versos escritos por el dramaturgo y que recitaba un actor del elenco en su estreno mundial. El coro abre y cierra los tres actos que componen la obra con una o dos décimas o con estrofas de ocho o seis versos para narrar lo que va aconteciendo, en progresión, en escena. La estructura de la intervención del coro es la siguiente:

Acto primero
Inicio: 3 décimas
Final: 2 décimas

Acto segundo
Inicio: 1 décima
Intermedio: 2 estrofas de 8 versos
Final: 1 estrofa de 8 versos y 1 de 6 versos

Acto tercero
Inicio: 1 estrofa de 8 versos y 1 de 6 versos
Intermedio: 1 décima
Final: 1 décima

"En la ciudad de La Habana,/ de Cuba perla fulgente (...)", así comienza. 

Electra... tuvo que esperar siete años para su estreno mundial, el 23 de octubre de 1948, en el teatro Valdés Rodríguez, bajo los auspicios de la asociación teatral Prometeo y la dirección del dramaturgo Francisco Morín. Constituye la tercera obra de Piñera, si incluimos las dos primeras, Clamor en el penal (1938) y En esa helada zona (1943) la cuales, junto con Los siervos (1955), siempre se negó a reconocer por considerarlas de menor factura. Desde 1948 ha sido llevada a escena por grupos de teatro cubanos: Bertolt Brecht, Teatro Estudio, Rita Montaner, Teatro Irrumpe, Arte Lírico, entre otros, así como por estudiantes del Instituto Superior de Arte a manera de trabajo de curso, ya en los años noventa.
El Grupo Teatro Estudio la presentó en marzo de 1961 en la Casa de las Américas, con Joseíto Fernández como intérprete de la Guantanamera, en una función en honor al jurado de la entrega de los Premios Casa de las Américas, donde se encontraban invitados Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. A esta le siguieron otras puestas en escena por el mismo grupo. Una de las más interesantes fue la del 8 de marzo de 1986 bajo la dirección de Armando Suárez del Villar, destacado dramaturgo que dirigió esta obra en múltiples ocasiones. La música fue compuesta por Juan Piñera a partir de una síntesis entre ritmos afrocubanos y de otras procedencias. Tenía una concepción aleatoria que incluía algunas décimas originales con el lenguaje tradicional y otras reelaboradas. Las versiones corales, conformadas por dos y tres actores con capacidades musicales, entraban a escena de una manera fortuita, muy libremente, en medio de una atmósfera onírica, aprovechando la capacidad improvisatoria en la décima y el canto tonal de sus integrantes. La partitura, entonces, estaba investida de un estilo dramático improvisional, es decir, se dirige, adecua y recompone de acuerdo con las necesidades del actor y la puesta. Musicalizada con una serie de instrumentos cubanos, el cantante -o cantantes- que la asumía interpretaba las décimas desde el público, a diferencia de la idea original de Virgilio Piñera, que ubica al personaje del coro como narrador. La distribución de los versos sí fue la original utilizada por el dramaturgo, pero ahora con música grabada.
En la versión del Grupo Rita Montaner, dirigida por Miguel Montesco en 1991, primero se empleó una elaborada instrumentación musical, tan elaborada que no funcionó, pues tenía un estilo clásico-moderno que incluía música electroacústica, cuyas décimas estaban interpretadas por una soprano. De inmediato hubo que recurrir a un estilo típico, tradicional, al trío con guitarras y maracas, para lograr la integración de los componentes que ofrecerían la imbricación de los elementos nacionales con los universales. Cada personaje poseía una identidad que estaba representada por las deidades del panteón yoruba. El elenco estaba compuesto por los siguientes personajes y sus deidades: Clitemnestra (Yemayá ): Elena Huerta/ Agamenón (Oggún): Miguel Lizaso/ Orestes (Ochosi): Jorge Perugorría/ Electra (Oyá ): Daysi Fontao. Roberto Blanco, director de Teatro Irrumpe, estrena Electra... y Radeunda Lima interpreta la Guantanamera en 1991. El coro aparece mezclado con ritmática afrocubana, acentuando la nueva concepción consistente en la extrapolación del mito al panteón yoruba.
En esta nueva edición del Festival Internacional de Teatro de La Habana, Electra Garrigó viene de la mano de Raúl Martín y su Teatro de La Luna con una nueva versión -su estreno había sido en 1997 con el grupo El Público. Fundado hace más de cuatro años, Teatro de La Luna está integrado por seis actores de talento indiscutible que, guiados por su director, ya tienen montadas, además de esta, dos obras de Virgilio: El flaco y el gordo y El álbum
Raúl Martín, el joven, intranquilo y muy talentoso director del grupo Teatro de La Luna, revela que no tenía pensado incorporar Electra…en el repertorio. Lo asume porque se frustró el intento de poner en escena Los siervos. Está convencido, sin embargo, de que la obra es símbolo de cubanía, tema capital del teatro cubano contemporáneo. Afirma que "el  choteo, la parodia y la burla son las formas que el cubano ha encontrado para llevar la crisis y criticar su entorno y defenderse del mismo, de los golpes que le dan las circunstancias. De asumir un tema clásico que resuelve los problemas existenciales a partir del humor. Así los enfrenta, encara y asume."
Confiesa ser irreverente y burlador con la Electra Garrigó de Virgilio. "La parodia del clásico griego se convirtió en clásico a su vez. Ya yo juego con el clásico cubano contemporáneo que es Electra Garrigó, y que inicialmente fue revolucionario porque fue irreverente, desmitificador de la obra griega. La gente agradece y quiere verlo hecho de otra forma." Y es que Raúl construye su mundo de la creación a partir de presupuestos estético-filosóficos en los que funcionan la empatía con el público sobre la base de una imagen-realidad que hace que este público lo siga y lo defina. "Me burlo del kitch que me rodea, el de las galas culturales, el de los actos fallidos, el del mal orador-declamador, el de los micrófonos. Aprovecho el kitch del folletín radial -me confiesa-, el tono grandilocuente de la radio novela." Emplea el choteo cubanísimo como lo empleó Virgilio y al igual que este, a todo lo largo de la obra aparecen los referentes de la época. 
Esta puesta en escena de Electra… fue llevada al último Festival de Manizales de Colombia por el grupo Teatro de La Luna. Raúl se asombra de lo bien que funcionó la Guantanamera en el público, y relata que hasta el personal técnico colombiano la incorporó automáticamente y la tarareaba. Se produjo entonces el efecto que él quería. "Para ser fiel a Virgilio y no ser totalmente irreverente, incluí la Guantanamera en una ocasión. Tenía que atender y vigilar ese elemento, porque es símbolo de cubanía. Virgilio lo utiliza para trasladar la acción a Cuba. La Guantanamera, interpretada por El Pedagogo, propone las reglas del juego, sustituye al coro trágico que ya no es tan trágico." Raúl está seguro de que tal como funcionó en Colombia, también funcionaría en otros países de Europa. El resto de la música la compuso Aimée Nuviola, quien también la interpretó en el teclado.
Después de su estreno mundial en 1948, Electra Garrigó fue llevada a escena al menos en más de una docena de oportunidades, dirigida por talentosos dramaturgos cubanos, y  ya en el 2001 sigue dando quehacer con nuevos aires de contemporaneidad. De otra forma no podría ser.
 

tomado de:
2001. La Jiribilla. Cuba.
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu

 


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