Argos Teatro

dirección artística y general: Carlos Celdrán

 

 Funciones:

 de jueves a domingos durante los meses de marzo y abril´0'8 - horarios habituales

 sólo DE VIERNES A DOMINGOS A PARTIR DEL 28 DE MARZO

 

 -Elenco-

Pancho Garcia

Yailin Copola

Andy Barbosa

 

diseño de escenografía: Humberto Rosales y Ana Acosta

diseño de luces: Manolo Garriga

música original: Roberto Carcasés

Realismo, teatro psicológico y elementos del absurdo son combinados en esta nueva oferta de Carlos Celdrán, a partir de un texto que condiciona el tránsito desde, por y hacia la agresividad. Como animales, tres seres humanos proyectan su aislamiento de diferentes maneras. Con desesperadas posiciones comparten una sórdida convivencia que desde el principio del espectáculo ya se "anuncia" sin solución.

La historia particular de cada personaje es en realidad más rica que la trama general, porque Fango representa en sí la suma de tres dramas personales. La música, la escenografía (que sobresale dentro del diseño escénico) y la excelente iluminación realizada  por Manolo Garriga, están orientadas a apoyar la atmósfera repulsiva y violenta.

El joven  actor Andy Barbosa (imágenes inmediatas superiores) hace un trabajo digno de reconocimiento en su papel de Lloyd. Todo el tiempo concentrado, sabe como manejarse en difíciles -por vulnerables- escenas relacionadas con su impotencia sexual y su resistencia a aceptar tal realidad. De esta  y otras maneras, Barbosa proyecta "su" soledad desde la interiorización del personaje, al nivel de los más experimentados, como es el caso de Yailín Coppola,  Mae, y Pancho García en su papel de Henry (imágenes finales). Yailín-Mae es una simple mujer, víctima como los otros, tal vez la más frágil, que caracteriza el personaje con una balanceada dosis dramatúrgica de aceptación y búsqueda. Pancho García acude  en la presentación del personaje -para diferenciarse bien de otros que ha interpretado- a  una especie de autismo defensivo, en gestos y voz, del que luego se vé obligado a desprenderse por  imponderables que así lo justifican:  para el público vuelve a ser incuestionable la presencia de un actor con una fuerza y un dominio de la escena poco común.

  

Una hora veinte minutos dura este andar de Celdrán por entre sucias relaciones humanas, seres que no nos son ajenos, sin importar  ni preguntarnos donde ocurre la acción:  mientras más se hunden en la oscuridad o se acercan al fango, más lamentables nos resultan.

-Fotos y comentarios: Pepe Murrieta-

sinopsis: Mae, Lloyd y Henry son los tres protagonistas de esta historia de violencia y crueldad en las relaciones humanas. La necesidad de espiritualidad y entendimiento colapsa en cada intento. Dos hombres enfrentados a muerte por el amor de Mae; alrededor todo es miseria y marginalidad.

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Notas al programa

Un nuevo espacio para estrenar, como éste de nuestra pequeña sala de Ayestarán, abre en el trabajo de Argos Teatro otras necesidades. Una sala tan radicalmente distinta a la de El 9º Piso del Teatro Nacional, en la que hemos estrenado por diez años, nos ha impulsado, y será así por algún tiempo, a pensar una poética para esta intimidad.  Fango es el inicio de este taller que proponemos con obras y autores que nos permitan tal exploración de cercanía.

En realidad, Fango, de la cubano-norteamericana, mejor digamos newyorkina Maria Irene Fornés, es también el pretexto para dar a conocer en Cuba el trabajo tremendo de esta dramaturga reconocida en los medios teatrales de su ciudad como una figura prominente.  Fango fue escrita originalmente en inglés por su autora, mas su fuerza y rareza, como bien señala Susan Sontag en el prólogo a sus piezas, provienen del español y la cubanidad latentes en la escritura.

Toda la obra de Maria Irene -y Fango es un ejemplo principal de ello- se organiza obsesivamente alrededor del lenguaje y de la palabra teatral, en un ejercicio dramatúrgico asombroso de síntesis y despojamiento.

Al final, sus fábulas están reducidas a fragmentos candentes de sólo algunos diálogos absolutamente imprescindibles para develar lo esencial y lo más hondo de sus personajes.  Es una autora radicalmente intensa, que fija en una palabra, en una frase definitiva todo un universo.  Sus súbitos contrastes emocionales, las sorpresas y las elipsis de esos fragmentos de situaciones extremas, la agonía con que los personajes sacan a la superficie desde sus entrañas una única frase atormentada y reveladora, nos han sacudido con su rigor y su limpieza espiritual.  Ante tanta retórica al uso, esta autora, también nuestra, nos devuelve con su escritura visceral, una palabra renacida, pura, imprescindible.

-Carlos Celdrán, Ciudad de La Habana, febrero de 2008-


-una crítica de Zoila Sablón-

-un comentario crítico de Eberto García Abreu-

-una crítica de Osvaldo Cano-

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