Fausto
Teatro D´Dos
-foto: Pepe Murrieta-
dirección artística y general: Julio César Ramírez
Reestreno: sábado 3 de mayo´09 - sala teatro Adolfo Llauradó
funciones de viernes a domingos en horarios habituales
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Reestreno: miércoles 19 y jueves 20 de noviembre´08 sala Argos Teatro
III Semana de Teatro Alemán
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-ELENCO también de esta temporada de mayo´09-
JULIO CÉSAR RAMÍREZ
DAISY SÁNCHEZ
YAKELÍN YERA
asesoría y confección de muñecos: Libia González
asistente de dirección: Dagoberto Luaces
construcción escenográfica y diseño de luces: Jesús Darío (Chuchi)
diseños escénicos: Teatro D´Dos
producción y promoción: Gaspar Navarro Reyes
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Un autor y un director cubanos en el mayo de la sala Llauradó (nota
de la compañía) La sala Adolfo Llauradó recibe una peculiar temporada de dos obras del multipremiado narrador y dramaturgo cubano Reinaldo Montero. Desde el 3 de mayo´09 y durante los fines de semana de ese mes, en el horario habitual, incluyendo la doble función de los sábados, permanecerá en a escena Fausto en la última visitación que Julio César Ramírez y Teatro D’Dos hicieran a esta pieza estrenada por ellos en el verano de 1999. Así mismo, a las seis de la tarde, de martes a jueves, el grupo Teatro de Bolsillo, radicado en el habanero municipio de Bauta, y conducido esta vez por el propio Ramírez, estrenará Rosa Fuentes, escrita por Montero a partir de Un mundo de cosas de José Soler Puig. No es usual en el panorama escénico de la Isla esta feliz coincidencia: dos obras en escena a la vez de un mismo binomio autor-director. Si hace una década atrás, el dueto Montero-Ramírez debutó con aquel montaje de gran espectacularidad en el amplio escenario del Teatro Mella, hoy Teatro D`Dos con este “nuevo” Fausto, retoma el asentado discurso estético que caracterizó por muchos años a ese colectivo. De esa manera, el Fausto que el público disfrutará, está signado por el trabajo del actor y el espacio de representación como ejes principales de la puesta en escena, así como por la síntesis del texto dramático en función de focalizar los núcleos de sentido y de la acción y tensión dramáticas. Como señala el crítico Omar Valiño en las “Notas al programa”: “Teatro D’Dos lo mira –al personaje y al cisma entre deseo y proceso, entre búsqueda y resultado, entre utopía y realidad–desde su poética del realismo expresivo, en la cual se erosiona una cotidianidad nunca del todo invisible. Lo resuelve en 2008 con una nueva vuelta de tuerca. Todo se ha hecho más pequeño, más minimalista. El espacio, la escenografía, el elenco, el público posible. Más apretado, sin embargo, es, potencialmente, poseedor de mayores alcances de sentido”. Algunos especialistas consideran Rosa Fuentes la obra de Reinaldo Montero que más se aleja de la épica (Los equívocos morales), las lecturas clásicas (Medea, Fausto, Antígona) o históricas (Liz) que también han marcado su escritura teatral. Intimista, lírica, onírica, fantasmagórica y más apegada a la estructura narrativa, esta pieza no deja de constituir una estación extraña en la fecunda producción dramática del autor. Para el propio Valiño “De esta reinvención, a partir del universo de Soler Puig, emerge el torbellino Rosa Fuentes con su recta actitud ética, su raigal cubanía, su ánimo perenne. Y, con ella, se desborda Santiago de Cuba, la historia, la guerra, el mambisado, la cotidianidad y las relaciones de otro tiempo. Tras ellas y tras Rosa Fuentes, el director Julio César Ramírez se entrega a sus coordenadas más habituales: una obra de pocos personajes y suma intensidad poética. El odre vuelve a ser un estrecho espacio ajedrezado sobre el cual veremos a tres jóvenes actores, junto a otro oficiante más veterano, retados por conseguir a Rosa Fuentes. Sus cuerpos portan el vestuario magnífico que un día fuera diseñado para De los días de la guerra, aquel hermoso espectáculo del maestro Roberto Blanco sobre los Diarios de campaña de José Martí. Los motivos inscritos en estos trajes de tono sepia, de color memoria, contaminaron los pocos elementos y objetos que vamos a observar como parte del juego asumido por Teatro de Bolsillo”. |
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| -Fotos: Pepe Murrieta, 3 de mayo´09- | |
Estaciones de Fausto * (notas al programa)
El Fausto cubano resulta un espectáculo blasfemo como blasfemo es el teatro. La propuesta de Reinaldo Montero revisita uno de los mitos preferidos por la modernidad, mucho más que la estación goethiana de éste. Un Fausto, tal vez más cansado, que sigue persiguiendo desde La Habana una idea de la felicidad, más que un conocimiento. Y un Mefistófeles sin tanto poder, desesperado en conseguir un alma elegida, sabiendo, desde siempre, que para conquistar un alma se necesita poseer un cuerpo.
Fausto, en definitiva, dialoga con sus dudas, sus obsesiones, sus fantasmas. Reclama un relámpago que lo ilumine, un instante para dialogar con Dios... y aparece Mefistófeles. Lo encuentra en una casa donde falta “de todo”, pero quedan las almas y, sobre todo, un alma elegida en la que se revela lo celestial. Y es lógico. ¿A dónde debe dirigirse Mefistófeles para conseguir su objetivo, sino a Cuba, espacio –encarnado en Fausto– de esa alma desgarrada entre deseo, transformación y utopía? Para el grupo, Fausto rondaba los cuarenta años al momento de estrenarse el espectáculo, podrían ser cincuenta ahora, en esta nueva estación de la puesta en escena una década después. Metáfora del proceso social cubano de la revolución, centra el tema obsesivo del teatro insular de los últimos tiempos: el cisma entre deseo y proceso, entre búsqueda y resultado, entre utopía y realidad.
Teatro D’Dos lo mira (al personaje y a ese cisma) desde su poética del realismo expresivo, en la cual se erosiona una cotidianidad nunca del todo invisible. Lo resuelve en 2008 con una nueva vuelta de tuerca. Todo se ha hecho más pequeño, más minimalista. El espacio, la escenografía, el elenco, el público posible. Más apretado, sin embargo, es, potencialmente, poseedor de mayores alcances de sentido.
-Omar Valiño-
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*En un proceso de trabajo en el que laboré como asesor teatral, realizado a lo largo de 1999, Teatro D’Dos estrenó de modo absoluto el Fausto de Reinaldo Montero. Recogí algunas de mis impresiones y valoraciones de aquel proceso, su relación con el texto y el propio estreno en el artículo “La sombra de Dios. Notas sobre la asunción de Fausto por Teatro D’Dos” (publicado en la revista Unión, No. 37, 1999). Retomo ahora aquellas notas para acompañar de nuevo al grupo en esta revisitación de su puesta en escena.