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Hasta
en horas de la madrugada del día siguiente al anuncio de Hilda Oates como
Premio Nacional de Teatro, todavía sonaba el teléfono en casa de esta
impresionante mujer de las tablas cubanas.
"Estoy muy asombrada de que me conozca tanta gente, cuenta Hilda. Cuando
se hace televisión eso es normal, pero he sido una actriz de mucho teatro
y esa popularidad extraña me sorprende."
Muy nerviosa y hasta brava consigo misma se sintió en los primeros días
posteriores a la revelación del Premio, pero poco a poco fue asumiendo la
realidad de ese merecido suceso y en medio de la creciente alegría
comenzaron a llegar los recuerdos.
"Imposible olvidar mi historia. Fui una sirvienta que renació con La
Revolución. Ese acontecimiento me permitió decirle a la señora de la casa
donde trabajaba: me voy. Y me fui a estudiar actuación a una escuela que
se abrió con maestros como Loly Buján, Roberto Garriga, Elvira Cervera,
Zoa Fernández y Mario Rodríguez Alemán, entre otros que me hicieron la
actriz que soñaba. Tampoco olvido mi primer aplauso con los títeres del
Teatro de Muñecos de La Habana."
Luego de dar paso la Academia a la creación de las Escuelas Nacionales de
Arte, y después de una evaluación realizada por importantes figuras del
teatro cubano como
Vicente Revuelta,
Hilda Oates se integra al Conjunto Dramático Nacional.
"Allí hice pequeños personajes en obras como La lata de pintura, de
Lisandro Otero y también leí textos en las tabaquerías hasta la disolución
del Conjunto en varios proyectos. Con el grupo que se formó bajo la
dirección de Gilda Hernández, participé en la puesta El robo del
cochino, de
Abelardo Estorino y allí también conocí la obra de
Eugenio Hernández Espinosa. Él me trajo su María Antonia, la
leí y le dije: Esa mujer soy yo."
Andrés. D. Abreu: ¿Y cómo se convirtió en ese personaje que es hito del
teatro cubano?
"Cuando
Roberto Blanco regresó de su viaje por África fue a verme para la
puesta en escena de la obra y me dio un mes de prueba para irle mostrando
el texto. Fui inspirándome en mis recuerdos y todo el trabajo y el hambre
que había pasado de niña, en la fuerza de mi personalidad interior, y
cuando terminé de montar el personaje, Roberto me dijo tú eres mi María
Antonia.
"Fue una obra que vio todo el mundo, pero yo sufrí porque al principio,
debido al maquillaje, la gente no me reconocía en la calle y hasta de loca
me tildaron en una guagua, porque en medio de un comentario alabando la
obra le dije a dos personas: María Antonia soy yo."
Junto a los personajes interpretados bajo la dirección de Roberto Blanco
tiene Hilda también espacio para la Madre de Bodas de Sangre que le
confió
Berta Martínez.
"Fue un segundo impulso por el trabajo minucioso y riguroso que hizo Berta
para esculpirme y sacar de lo más hondo esa Madre escrita por Lorca, un
autor del que también hice La casa de Bernarda Alba y esa Poncia
que me gustaría volver a interpretar, porque cuando yo decía sirvienta, lo
sentía en el alma."
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