Falleció Howard Zinn. Michaelis Cué, actor-director teatral que interpretó en Cuba y otros muchos países el  monólogo  Marx en el Soho escribió la siguiente  reseña en La Jiribilla (La Habana, 27 enero de 2010) 

 Hoy el noticiero televisivo del mediodía nos trajo la triste noticia. Ha muerto Howard Zinn. Sentado frente al televisor vinieron a mi mente nuestros inolvidables encuentros en La Habana.

Lo conocí en mayo del año 2004 cuando vino a Cuba, entre otras cosas, a presenciar un ensayo de su obra Marx en el Soho, monólogo en el que estábamos enfrascados un grupo de compañeros y que debía estrenarse en unas semanas. Estaba muy intrigado y pienso que preocupado además, sobre lo que podríamos hacer con su texto. Pidió reunirse con nosotros cuanto antes.

La misma noche de su llegada fuimos Julián González Toledo, presidente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas que lo había recibido en el aeropuerto horas antes, la teatróloga Bárbara Rivero y el que esto escribe a recogerlo en el lugar donde se hospedaba.

Yo esperaba encontrarme con un ilustre académico frío y distante y lo que tenía delante de mi era sí, un académico, pero un académico, que a sus 82 años, gozaba de una vitalidad impresionante, erguido, ágil, alto, bello y que vestía deportivamente con unos tenis juveniles y de bastante uso. Su abundante cabellera canosa despeinada.

De palabra fácil, no hablaba español pero entendía algo y tuvimos necesidad de un traductor. Era además un hombre que desbordaba simpatía y con el cual nos comunicamos con mucha rapidez.

Estuvimos reunidos hasta la madrugada. Nos acosó a preguntas primero sobre la obra, nuestros propósitos y lo que para él era muy importante, los cortes que le haríamos a su texto.

Tengo la impresión, aunque nunca lo dijo, de que traía sus dudas sobre la libertad de que gozábamos para llevar su obra a escena y temía que obviáramos las cosas esenciales de su texto y que podrían resultar incómodas para nuestro contexto. Se percató en el acto de la libertad con que trabajábamos y que todo lo contrario, las podas estaban en relación con lo que para nuestra realidad podría resultar tecoso e insoportable para nuestro público.

Tuvimos que explicarle que cosa era un teque.

Luego el tema inevitable, Cuba, su Revolución, Fidel Castro, y lo que para el era un misterio, sus largos discursos.

Esa noche dijo una frase para resumir, que luego le oí repetir otras veces y que era más o menos esta:

"Dentro de los muchos asombros que me causa la Revolución Cubana hay uno que me impresiona sobremanera, y es que haya sobrevivido todos estos años en las narices de Estados Unidos y que Estados Unidos no haya podido destruirla a pesar de todos sus intentos".

Esa es una frase que nunca olvidé porque tenía conciencia de que salían de los labios de un historiador muy conocedor de la verdadera historia de su país.

Al otro día bien temprano fue a presenciar un ensayo y quedó muy satisfecho y eufórico y prometió volver para el estreno, cosa que cumplió al pie de la letra.

Vino al estreno, fue feliz. Recorrió mucho la Habana y trabajó incansablemente.

Regresó el año siguiente al lanzamiento de su libro La otra historia de Estados Unidos en la Feria Internacional del Libro de ese año y volvió a ver su obra una vez más.

Siempre estuvo orgulloso de la Puesta en Escena Cubana, así como de la versión televisiva y me pedía que lo mantuviera al tanto de todas las funciones, las críticas, giras, fotos, etc.

Todos estos años nuestra comunicación se mantuvo y yo le informaba lo concerniente al trabajo con su pieza. El último contacto fue en diciembre del año pasado y hasta donde sé no estaba enfermo, así es que su muerte me ha sorprendido.

Pero prefiero recordarlo entrando ágil a la Sala Llaurado y sentarse a presenciar su obra. Prefiero recordar siempre la frase conque se despedía en sus correos: "En solidaridad".

Y yo pienso que está demás agregar que quería decir "con Cuba".

Michaelis Cué durante una de las funciones de "Marx en el Soho", obra teatral escrita por el norteamericano Howard Zinn.


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