
de
dirección artística y general de
estreno absoluto: sábado 11 de octubre´03
cine teatro Trianón
Ícaros recibió, el 20 de enero´04, el Premio Villanueva, como una de las mejores puestas en escena
estrenadas en Cuba durante el año 2003.
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Georbis Martínez, a la izquierda, como el Ícaro de Madera, entre las actuaciones más aplaudidas y reconocidas por la crítica especializada. Georbis ha recibido en el 2004 varios premios de actuación
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Desde los momentos iniciales de la puesta en escena, dividida en dos actos, hasta los instantes finales, el público queda deslumbrado por composiciones de asombrosa belleza plástica, y siente la evidencia de que se está frente a un trabajo colectivo de significativo dominio escénico. En la foto Leandro Sen, a la izquierda, como el Ícaro de La noche. |
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Los diferentes Ícaros asumen "sus regalos" con los que desarrollan un juego y se convierten en "otros" mitos más populares, dándole así complejidad y riqueza a este texto original de Norge Espinosa, que Carlos Díaz interpreta y regala a los espectadores mediante el uso de sus peculiares recursos de comunicación escénica. |
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Caperucita y Pinocho (inmejorablemente asumidos por Luis Mario Alonso y Georbis Martínez, respectivamente) en sus últimos bocadillos, casi al final del espectáculo. Aplausos para el vestuario de Vladimir Cuenca, así como para la bellísima escenografía de Alain Ortiz ilustrada exitosamente por Regis Soler. También para la funcional iluminación que concibió Manolo Garriga, pero sobre todo, para el excelente balance en el trabajo actoral de la noche de este estreno absoluto en el habanero teatro Trianón. A la derecha Yailene Sierra, rol por el que ha obtenido más de un premio en el 2004 |
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Más de dos horas de duración con un entreacto, para disfrutar de otro admirable trabajo de Carlos Díaz y su equipo de Teatro El Público, que fue visto mor miles de personas. |
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-fotos comentadas de Pepe Murrieta- |
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-ELENCO-
Dédalo 1: Pablo Guevara
Dédalo 2: Walfrido Ramos
Dédalo 3: Alexis Díaz de Villegas*, Osvaldo Doimeadiós*
Ariadna: Yeilene Sierra*
Ícaro de la Estrella: Sergio Fernández
Ícaro de Hierro: Roberto Álvarez, Ricardo Aranda
Ícaro de la Noche: Leandro Sen, Ariel Díaz*
Ícaro del Bosque: Luis Mario Alonso
Ícaro de la Lámpara: Léster Martínez, Yaser Vila
Ícaro de Madera: Georbis Martínez
Dédalo, como El Genio: Alexis Díaz de Villegas, Osvaldo Doimeadiós
Dédalo, como La Abuela: Pablo Guevara
Minos, rey de Creta: Alexis Díaz de Villegas, Osvaldo Doimeadiós
(*artistas invitados)
Texto original: Norge Espinosa sobre una idea de Carlos Díaz
Música original: Ulises Hernández
Diseño de vestuario: Vladimir Cuenca
Diseño de luces: Manolo Garriga
Diseño de escenografía: Alain Ortiz
Imágenes de video: Pável Giroud
Diseño coreográfico: Xenia Cruz
Asistente de dirección: Amaury González
Asesoría dramatúrgica: Norge Espinosa
Producción General: Luis Juan Aranzola
Obras plásticas especialmente creadas por: Regis Soler
Había una vez, en Creta, un rey que ordenó la construcción del Laberinto más intrincado. Y en el centro de esas complicadas galerías, ocultó a un monstruo. Pero ni siquiera los laberintos son inexpugnables, y un héroe halló el modo de matar al Minotauro, escapando con la propia hija del rey, a la que luego abandonaría. Lleno de rabia, Minos, el rey traicionado, encerró al inventor del Laberinto en su propia creación, junto a su hijo Ícaro. Pero Dédalo, siempre sabio, inventó un par de alas con las que intentó huir. Sólo él lo logró. La manera en que su hijo, imprudente, voló demasiado cerca del sol con sus alas de cera, ha sido recreada una y mil veces desde entonces hasta nuestros días. Del Laberinto sólo quedan algunas ruinas sospechosas. Pero en todo espejo, duplicando las formas y los rostros, puede ocultarse un Laberinto. ¿Qué ocurriría si colocamos un espejo en el centro de un Escenario?
Teatro El Público quiere regresar al Mito, a esa esencia que puede leerse desde la ingenuidad o la suspicacia, con el deseo de contar otra vez una historia a los espectadores, nuestros cómplices. Acaso hallamos creado un espectáculo que pueda entenderse como un Laberinto, donde los personajes de la leyenda se confundan con héroes más contemporáneos, o a los que conocimos en nuestra infancia: esa edad donde aún creíamos en la posibilidad del Mito mismo. Sin embargo, queda claro que sus deseos son los de todas las generaciones de padres e hijos que intentan arrebatarse alguna verdad, y por qué no, un par de alas. Será esa batalla la que rompa los muros del Laberinto, y nos arrastre, como una explosión liberadora, nuevamente al inicio de la historia, al espejo que hemos colocado en el centro de un Laberinto ahora ya teatral. Borges, que amaba los laberintos, nos enseñó que todo libro no es sino eso: una extraña estructura de palabras donde no resultaría demasiado difícil extraviarse, desesperarse. Un libro es un Mito. Un espectáculo se hace de palabras y cuerpos que buscan alguna salida. También un Mito. Pero para que se cumpla esa profecía los espectadores tendrán que atreverse a penetrar, con nosotros, esos muros, Y enfrentar al Minotauro, y desconfiar de Ariadna, o, como Teseo, dejarse seducir por ella. Quizá alguno de nuestros espectadores también desee un par de alas. Ese espectáculo es una invitación al salto.
-Norge Espinosa-
-lea un comentario de José L. Estrada Betancourt-
-leer un comentario crítico de Roberto Gacio-
-leer un comentario de Osvaldo Cano-
-leer un comentario de Amado del Pino-
-leer un comentario de Emeris Sarduy Zamora-