El retorno
de un mito por José Luis Estrada Betancourt
Dédalo
fue el arquitecto e inventor que diseñó hábilmente, para el Rey Minos de
Creta, el
laberinto donde se encerró al Minotauro. Nadie podía escapar ni del
laberinto ni del monstruo mitad hombre y mitad toro. Solo Ariadna, hija
de Minos, sabía el secreto. Así fue como ayudó a su amante, Teseo, a
aniquilar al engendro y a huir. Y esta fue
la razón por la cual Minos, encolerizado, apresó a Dédalo y a su hijo
Ícaro en el laberinto. Dédalo entonces fabricó alas de cera para la
fuga, pero Ícaro voló demasiado cerca del Sol. El vuelo y la vida de
Ícaro se apagaron en el mar.
Este fue el mito que inspiró a Carlos Díaz, director del grupo Teatro El
Público a llevar a la escena del cine-teatro Trainón, el tan esperado
espectáculo Ícaros, estrenado la noche de ayer (sábado 11 de
octubre´03). Horas antes JR había llegado hasta la sala del
Vedado capitalino para adentrarse en los detalles de esta producción que
a finales de noviembre ocupará el teatro Sauto de Matanzas. Mientras
tanto permanecerá en cartelera los viernes y sábados a las 8:30 pm y los
domingos, a las 5:00 pm.
LA
IDEA
Es muy difícil de explicar cómo apareció la idea de Ícaros. Son
obsesiones que uno tiene desde la infancia, aunque entonces no conocía
la leyenda. Sin embargo, uno arrastra desde la niñez ese sentido de la
magia. Cada niño tiene una compañía molieresca dentro del cerebro,
explica Carlos Díaz.
“En la infancia nos dieron versiones de lo que es un cuento infantil,
pero cuando llega la adultez te percatas de lo terrible que fue, por
ejemplo, que la madre de Caperucita la enviara día tras día a donde la
abuelita, exponiéndola al peligro de que el lobo se la comiera. Creo que
es muy importante el modo como se educa a los niños, cómo los padres
forman a sus hijos, cuánto les prometen o cómo los engañan. Una imagen
puede sugestionar a un niño de por vida.
“En Ícaros no tenemos un solo niño, sino a seis. Es una
generación en la cual unos vuelan y otros no. Superman puede volar, al
igual que Batman, Peter Pan con su polvo de hadas, y Aladino, quien
tiene una lámpara maravillosa y una alfrombra mágica —y provoca esa
terrible mañana del 11 de septiembre, al estrellarse contra las torres
gemelas. Pinocho y Caperucita son los personajes tristes. Ella no es más
que un niño que desde pequeño quería ser niña; y a él ya se le está
rajando la nariz porque está viejo. A partir de estos personajes el mito
se vuelve a contar. No tiene fin”.
LA
PRODUCCIÓN
El montaje de Ícaros tomó seis intensos meses de trabajo, según
cuenta Carlos Díaz. “Hay humildad en el espectáculo pero también mucha
labor. Quitamos el oropel para quedarnos con las esencias de las
situaciones de los personajes”.
Fue al dramaturgo Norge Espinosa a quien correspondió tejer las
historias de los disímiles Ícaros, el de la Estrella, el de Hierro, el
de la Noche, el del Bosque, el de la Lámpara, y el de la Madera. “En
principio, aclara Espinosa, este es un texto que no existiría de no
haber sido solicitado por Díaz. Por ello es muy particular, porque es el
resultado de mi trabajo en función del talento de Carlos, quien tenía
una idea primaria del mito y cómo vincularlo con otros un poco más
contemporáneos. Lo que al principio parecía sencillo se fue complicando
hasta convertirse en este espectáculo, donde intervienen diez actores.
El mito se revisita desde muchas perspectivas y el espectador puede
encontrar diversas referencias”.
En Ícaros el vestuario está en función de lo escrito. Vladimir
Cuenca es el responsable de arropar a los personajes de un modo
irreverente, desacralizador. “El espectador, dice, encontrará alusiones
de época, sistemas culturales. El vestuario juega con mucha visualidad,
con elementos anacrónicos utilizados ex profeso para provocar disímiles
reacciones. Es dentro del espectáculo un personaje autónomo, que el
espectador debe descifrar. No he buscado solo lo estético, sino además
proporcionar un discurso que apuntale lo que el texto está diciendo”.
El diseño escenográfico es uno de los grandes valores de Ícaros.
Otra vez Díaz acudió a Alain Ortiz. “Siempre trato de ubicarme en la
posición del artista plástico, de plantearme las escenografías con
carácter instalativo y de prever una imagen plástica, sugerente por sí
misma. Puedo respetar lo que dice el texto o entrar en un contrapunteo;
puedo defender un discurso que no es exactamente el de la pieza teatral,
y aportar una lectura enriquecedora.
“En el caso de Ícaros era muy difícil montar una escenografía
compleja por lo reducido del lugar. De ahí que se diseñó una funcional,
desarmable, fácil de almacenar; pues no estamos en un teatro
convencional, sino en un cine donde hay también proyecciones fílmicas.
Había que transformar, mover, caracterizar y conformar nuevos espacios
con un mismo recurso espacial”.
Las creaciones del artista de la plástica Regis Soler estarán siempre a
la vista del espectador. “Las obras pertenecen a diferentes etapas
creativas. Algunas se hicieron especialmente para Ícaros; otras
formaron parte de muestras personales como la exposición La fortaleza
traslúcida (los dibujos) y Fragmento deseado. Me inquieta la
espiritualidad de ese hombre rodeado de un mundo material”.
EL
ELENCO
Léster
Martínez, Yaser Vila, Ricardo Aranda, Roberto Álvarez, Sergio Fernández,
Leandro Sen, Luis Mario Alonso, Georbis Martínez y Ariel Díaz son los
Ícaros; mientras que la Ariadna es interpretada por la actriz Yailene
Sierra. El papel de Minos, el Rey de Creta, es compartido entre Alexis
Díaz de Villegas y Osvaldo Doimeadiós, quienes a su vez encarnan a dos
de los Dédalos. Pablo Guevara y Walfrido Serrano defienden a los otros
padres de Ícaro.
“Mi personaje es Ícaro de la Lámpara, o lo que es lo mismo, Aladino. Él
nace niño y después se hace héroe. Él también es ladino, tramposo,
ambicioso, rabioso, pero sensible”, comenta Léster, a quienes muchos
recordarán de La Celestina o en la pequeña pantalla por
Cocoverde.
Léster Martínez, quien ya ha actuado en otras obras de Díaz, asegura que
se siente cómodo con su héroe. “Esta magnífica relación de trabajo
permite desarrollarme y crear. Me encanta explotar las contradicciones
del personaje”.
Roberto Álvarez (Cuerda viva, A moverse, La Celestina)
es otro de los chicos de Díaz. “Yo soy el Ícaro de Hierro, una parábola
de Superman, el icono de las historietas. Sin dudas, todos estos
personajes son muy difíciles, porque están muy alejados de nuestra
realidad, y al mismo tiempo son tan lejanos que empiezan a darnos la
vuelta y terminan en nuestra realidad. Es un trabajo muy interesante,
divorciado de lo que he hecho hasta ahora”.