un texto original de Abilio Estévez llevado a escena por Carlos Díaz con su

  TEATRO EL PÚBLICO 

 

-elenco-

Josefina Beauharnais: Osvaldo Doimeadiós

Visitaciones de Josefina: Laura González, Osvaldo Hernández, Ángel Ariel González y Rolando Boet

-foto: Pepe Murrieta-

 ESTRENO ABSOLUTO: 8 DE ENERO DE 2010- sala Adolfo Llauradó

 -funciones de viernes a domingos TODO ENERO en horarios habituales-

 

 reposiciones en el teatro Trianón desde el 19 de marzo de 2010

 

asesoría dramatúrgica: Norge Espinosa Mendoza

banda sonora: Bárbara Llanes

diseños de vestuario y escenografía: Roberto Ramos Mori

diseño de luces: Manolo Garriga

asesoría danzaria: Sandra Ramy

producción: Jorge Luis Ramírez y Dinorah Viquillón

maquillaje: Adela Prado

TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A JOSEFINA (notas al programa de manos escritas por Norge Espinosa Mendoza)
Teatro El Público regresa a la palabra teatral de Abilio Estévez. Novelista de éxito, dramaturgo que no puede dejar de ser él mismo, a pesar de otras tentaciones, vuelve a los escenarios de la Isla con un personaje creado en el 2006, y que, contra su propio destino, alcanza finalmente a pisar tierra habanera. Aquí está Josefina La Viajera, coronada por una golondrina, acaso la misma golondrina a la que dedicó sus últimos versos Juan Clemente Zenea. Por más de cien años ha caminado Josefina la Viajera, desde que abandonó la casa paterna en las tierras del oriente cubano para llegar a La Habana y querer ver izarse la bandera que nos hacía una verdadera República. El fracaso de ese sueño es también el fracaso del personaje, que nunca llegó a la capital y quedó condenada a un trasiego sin fin, a una angustia que la hace conocer cada trillo, sendero, carretera o pista de carreras. La suya es una agonía entendida en términos como esos, y encrucijadas, y laberintos. De una caja de espejos sale el espectro viviente que es Josefina la Viajera, y el espectador deberá acompañarla hasta conocer su verdad, que misteriosamente, podrá ser compartida como la verdad de muchos. Un personaje teatral es una máscara que puede acomodarse en el rostro de sus espectadores. De esa verdad tan antigua, mucho más antigua que la propia Josefina, ha querido Abilio Estévez hacernos cómplices.
Si la imaginación es independencia, si la fantasía puede hacernos abrir las puertas más rígidas, Josefina es un símbolo que nos repite todo eso. Ella y su imagen: la que la acecha, la vigila, la acosa, la profetiza y la conoce bien. No hay que llamarse a engaño, en este nuevo monólogo la verdad es un juego que contiene muchos espejos.
Josefina delira: la realidad puede ser vencida como encierro, y escapar de ella puede conducirnos a muchas otras encrucijadas y peligros. Tras haber estrenado Ceremonias para actores desesperados, espectáculo que incluía “Santa Cecilia” y “Freddie”, Teatro El Público retorna a las obsesiones de un autor excepcional. Si en aquella puesta del 2005 Cuba y la imagen de un cantante de fama internacional se confabulaban, Josefina la Viajera es un mapa más íntimo, pero más sedicioso también, de las verdades que ahora mismo multiplican aquella discusión sobre lo Cubano que comenzamos a escuchar, como parte o testigos, en los años 90. La invención como fuerza liberadora, el destino del espíritu como algo no atado a convenciones y carencias reductoras, la posibilidad máxima del ser humano como una figura libre para crear su propio pasado, inventarse un rostro capaz de atravesar épocas y limitaciones, dan fe de la verdad de Josefina. Un nuevo tour de force que el autor, ya exitoso en el mundo de la novelística, emplea para retornar, y retarnos, con las armas de su teatralidad siempre eficaz y seductora.
Osvaldo Doimeadiós fue Santa Cecilia. Hoy, ante ustedes, es Josefina la Viajera. Cada vez que un dramaturgo de tanto poderío nos convoque, este intérprete podría ser un rostro más. Un espejo en el cual se mira ya Teatro El Público, cuando empiezan a sumarse 20 años desde sus primeras señales. ¿Tiene usted una brújula, un buen par de zapatos para el camino, la obsesión de ver cómo se iza una bandera nueva, esplendente: un espejo que centellea contra el azul de todos los recuerdos? Entonces puede comprender a Josefina, oír su historia, temer su destino. Encontrarla en plena senda. Cuidado: un camino teatral conduce siempre a una caja de espejos. ¿No será usted mismo quien sale de ella, e imagina que al fin, por fin, en fin,  llega a su lugar?

-Fotos: Pepe Murrieta-

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