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TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A JOSEFINA
(notas al programa de manos escritas por
Norge Espinosa Mendoza)
Teatro El Público regresa a la palabra teatral de Abilio Estévez.
Novelista de éxito, dramaturgo que no puede dejar de ser él mismo, a
pesar de otras tentaciones, vuelve a los escenarios de la Isla con
un personaje creado en el 2006, y que, contra su propio destino,
alcanza finalmente a pisar tierra habanera. Aquí está Josefina La
Viajera, coronada por una golondrina, acaso la misma golondrina a la
que dedicó sus últimos versos Juan Clemente Zenea. Por más de cien
años ha caminado Josefina la Viajera, desde que abandonó la casa
paterna en las tierras del oriente cubano para llegar a La Habana y
querer ver izarse la bandera que nos hacía una verdadera República.
El fracaso de ese sueño es también el fracaso del personaje, que
nunca llegó a la capital y quedó condenada a un trasiego sin fin, a
una angustia que la hace conocer cada trillo, sendero, carretera o
pista de carreras. La suya es una agonía entendida en términos como
esos, y encrucijadas, y laberintos. De una caja de espejos sale el
espectro viviente que es Josefina la Viajera, y el espectador deberá
acompañarla hasta conocer su verdad, que misteriosamente, podrá ser
compartida como la verdad de muchos. Un personaje teatral es una
máscara que puede acomodarse en el rostro de sus espectadores. De
esa verdad tan antigua, mucho más antigua que la propia Josefina, ha
querido Abilio Estévez hacernos cómplices.
Si la imaginación es independencia, si la fantasía puede hacernos
abrir las puertas más rígidas, Josefina es un símbolo que nos repite
todo eso. Ella y su imagen: la que la acecha, la vigila, la acosa,
la profetiza y la conoce bien. No hay que llamarse a engaño, en este
nuevo monólogo la verdad es un juego que contiene muchos espejos.
Josefina delira: la realidad puede ser vencida como encierro, y
escapar de ella puede conducirnos a muchas otras encrucijadas y
peligros. Tras haber estrenado Ceremonias para actores desesperados,
espectáculo que incluía “Santa Cecilia” y “Freddie”, Teatro El
Público retorna a las obsesiones de un autor excepcional. Si en
aquella puesta del 2005 Cuba y la imagen de un cantante de fama
internacional se confabulaban, Josefina la Viajera es un mapa más
íntimo, pero más sedicioso también, de las verdades que ahora mismo
multiplican aquella discusión sobre lo Cubano que comenzamos a
escuchar, como parte o testigos, en los años 90. La invención como
fuerza liberadora, el destino del espíritu como algo no atado a
convenciones y carencias reductoras, la posibilidad máxima del ser
humano como una figura libre para crear su propio pasado, inventarse
un rostro capaz de atravesar épocas y limitaciones, dan fe de la
verdad de Josefina. Un nuevo tour de force que el autor, ya exitoso
en el mundo de la novelística, emplea para retornar, y retarnos, con
las armas de su teatralidad siempre eficaz y seductora.
Osvaldo Doimeadiós fue Santa Cecilia. Hoy, ante ustedes, es Josefina
la Viajera. Cada vez que un dramaturgo de tanto poderío nos
convoque, este intérprete podría ser un rostro más. Un espejo en el
cual se mira ya Teatro El Público, cuando empiezan a sumarse 20 años
desde sus primeras señales. ¿Tiene usted una brújula, un buen par de
zapatos para el camino, la obsesión de ver cómo se iza una bandera
nueva, esplendente: un espejo que centellea contra el azul de todos
los recuerdos? Entonces puede comprender a Josefina, oír su
historia, temer su destino. Encontrarla en plena senda. Cuidado: un
camino teatral conduce siempre a una caja de espejos. ¿No será usted
mismo quien sale de ella, e imagina que al fin, por fin, en
fin, llega a su lugar? |