La importancia de llamarse Ernesto
de Oscar Wilde
Dramaturgia a partir del original:
Jorge Alba
ESTUDIOS BUENDÍA–ALBA
ESTRENO para la compañía: SÁBADO 13 DE FEBRERO DE 2010- SEDE DE TEATRO BUENDÍA
FUNCIONES
SÁBADOS Y DOMINGOS en horarios habituales TODO FEBRERO
-Elenco-
Jack Worthing: Joset Puentes /Antonio Arrollo /*Héctor
Medina
Algernon Moncrief: Alberto Menéndez /(*Xavier
Calderín)
Lady Bracknell: Maridelmis Marín / Roberto
Gacio / *Jennifer Rodríguez
Gundelinda Fairfax: Ismercy Salomón /
*Gabriela Gonzáles
Cecilia Cardew: (*Yanelyn
Torres)
Miss Prism: Margarita Milián / Reina Cueto /
*Lorena Rodríguez
Dr. Casulla: (Falconery Escobar) / Roberto
Gacio
Lane: Falconery Escobar /
*Lorena Rodríguez
Merriman: Falconery Escobar /
*Jennifer Rodríguez
*Actores que
interpretan el personaje en ambas puestas: Examen de Tesis de Actuación y
Estreno de Estudios Buendía-Alba. Esta obra fue presentada por alumnos de
la Escuela Nacional de Arte en opción a su examen de Graduación de
Actuación, en la Sala teatro del III Orden del Convento de San Francisco
de Asís, el 30 de abril del 2009.
Entre paréntesis lo actores que interpretan
el personaje en ambas puestas: “Examen de tesis de actuación” y “Estreno
de Estudios Buendía-Alba”
El actor Falconery Escobar estuvo como
invitado en la Tesis de Grado de los alumnos.
Diseño de cscenografía: Jorge Alba
Diseño de vestuario: Mairelis Gonzáles
Realización plástica y utilería: Maira Rodríguez, Ognis Cruz y Héctor
Fernández
Diseño de luces: Jorge Luis Jorrín
Asesoría plástica: Manuel Alcaide
Selección musical: Jorge Alba
Maquillaje: Adela Prado
Dirección artística:
Jorge Alba
Dirección General:
Flora Lauten
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La importancia de llamarse Ernesto
fue escrita en 1895 por Oscar Wilde ((Dublín, Irlanda, 1854–1900).
Su estreno absoluto ocurrió el 14 de febrero del mismo año en el
Teatro St. James´s de Londres con el subtítulo: Comedia trivial
para la gente seria. Es una de sus más universalmente conocidas
comedias para el teatro, junto a El abanico de Lady Windermere,
Una mujer sin importancia y Un marido ideal. Por
otra parte, El retrato de Dorian Grey es su novela más
popular y para muchos entendidos la mejor escrita. Su teatro se burló de la hipócrita sociedad inglesa del s. XIX, específicamente de la época victoriana, que pudo conocer bien como miembro de una distinguida y adinerada familia. En la cúspide de su exitosa carrera como poeta, dramaturgo y crítico, su vida, considerada entonces un escándalo sobre todo por su relación íntima con Lord Alfred Douglas, lo llevó a prisión, desde donde luego de dos años de castigo forzado salió profundamente abatido, además de arruinado espiritual y económicamente. Se fue a vivir a Francia, asumió nombre falso, se convirtió al catolicismo y murió ante la indiferencia de sus compatriotas. Según las bases de datos consultadas, el estreno en Cuba de La importancia....la realizó Modesto Centeno con el Grupo ADAD el sábado 1º de diciembre de 1945 en el Teatro Escuela Valdés Rodríguez. Poco más de un año después los habaneros pudieron ver la puesta en escena de la Cía. de Magda Haller, en el Teatro Principal de La Comedia, sede donde Modesto Centeno la dirigió de nuevo en 1947, esta vez con grupo teatral Farseros. Luego en 1953 la pieza tuvo un montaje bajo dirección de Rubén Vigón con el grupo Los Comediantes que presentaron en el Teatro Escuela Normal. Vigón la dirigió además para el Patronato del Teatro, cuyas presentaciones aparecen registradas en el teatro Auditorium, en junio de 1954. No hemos encontrado referencia, en nuestra precipitada búsqueda, sobre montajes de esta obra de Wilde en Cuba después del triunfo de La Revolución, hasta llegada la puesta en escena que ahora ha realizado Jorge Alba, y que antes de esta temporada en la sede de Teatro Buendía, sirvió como graduación para un grupo de sus alumnos de actuación de la Escuela Nacional de Arte, algunos de los cuales continúan -alternando- en el elenco. La síntesis lograda por Alba está entre los principales aciertos de su espectáculo, que no obstante tiene una duración de dos horas, aunque es justo reconocer que entre los ingeniosos diálogos de la comedia de enredos y el lenguaje -sobre todo actoral- equilibradamente irónico usado como recurso para la narración de la historia, encuentran receptividad en el público para el que no parece decaer el entusiasmo, en tiempos y circunstancias en que ya asusta conocer anticipadamente que una obra teatral dura dos horas. Entre buenas y muy buenas actuaciones como parte de las interpretaciones de Ismercy Salomón, Roberto Gacio, Falconery Escobar, Joset Puentes, Maridelmis Marín, Reina Cueto y Yanelyn Torres, llamó mi atención el refinado manejo de cuerpo y voz logrado por el joven Alberto Menéndez en el personaje de Algernon Moncrief, quien consigue un limpio -epocal- amaneramiento, que no lo aleja sin embargo de la actitud viril, ambigua y seductora que exige el rol, una elegante y segura proyección gestual que considero difícil para un actor de su edad, con lo que contribuye notablemente a ilustrar las relaciones sociales y sus manipulaciones, sustento básico en la obra de Wilde. |
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| -fotos y crónica: Pepe Murrieta- | |
NOTAS AL PROGRAMA DE MANOS:
Podría enumerar un sinfín de razones que justifiquen el acercamiento –aún
en el año 2009- a la dramaturgia de Oscar Wilde. Para cualquier conocedor
de la Historia del teatro resulta llamativa la producción de este “infante
terrible”, como ha sido llamado, que se hace heredero de una tradición tan
diversa que incluye tanto la poesía romántica de Byron y Shelley, como las
más turbulentas y reaccionarias visiones de un teatro que quería remover
el puritanismo victoriano, a tal punto que sus personajes bajo el traje de
etiqueta ocultan a menudo instintos de una violencia primordial: orgullo,
prepotencia, crueldad, lujuria, secreto que saldrán a la vista más tarde o
más temprano; todo esto con un esteticismo muy propio de Wilde que, más
que servir a los ideales de su tiempo, podría remitirnos a la gloria
inglesa del teatro: Wilian Shekespeare.
El llevarlo a escena, por supuesto, ayuda al público neófito a interesarse
en su producción, y al que no lo es, a cuestionarse una vez más el verismo
implícito en los textos de Wilde.
Es un propósito también para nosotros trabajar escénicamente textos
clásicos de la literatura dramática, fundamentalmente los de ese género
que tanto ha padecido el juicio de no serio o superficial: la comedia. Ya
hace un tiempo tuvimos la oportunidad de hacer un montaje de “La olla” de
Plauto, y el resultado demostró, una vez más, la vigencia que tienen en la
contemporaneidad ciertos asuntos esenciales para la vida humana. La
honestidad, la dignidad, el respecto al otro, el sentido de
responsabilidad personal y todo aquello que ayuda al hombre a ser
altruista y cumplir socialmente con su tiempo, son mensajes que el teatro
tiene la responsabilidad de difundir. La comedia lo hace ridiculizando
muchas veces las actitudes, ambiciosas y de falsa moral de sus personajes.
Y todo esto es de una vigencia tal que merece la pena seguir asumiendo el
reto de la Vanguardia que busca en sus raíces la huella de sus pasos.