La pasión por el descubrimiento

 

por Esther Suárez Durán

 

        Pretender historiar los afanes investigativos en el universo del teatro cubano es propósito arduo. Para comenzar hay que decir que sus inicios se pierden en el tiempo y, tal vez , la punta de este hilo de Ariadna se halle entre los empolvados manuscritos de algún autor teatral de aquellos que encabezan la vasta lista que conforma la dramaturgia cubana, cuando no esté por los fueros de los inquietos artífices que intervenían en el sorprendente y complejo mundo de la maquinaria teatral con sus maravillosos efectos logrados a fuerza de la asimilación del oficio, la capacidad de inventiva y la pasión por la aventura del espectáculo.

        Lo que sí aparece de modo nítido es que en actividad de tal naturaleza destacan, en tiempos más cercanos, los nombres eminentes de Juan José Arrom, José Escarpanter, Alejo Carpentier, Jorge Antonio González y nuestro paradigmático Rine Leal, a los que siguen Natividad González Freyre, Gloria Parrado, Magaly Muguercia, Haydée Sala, Raquel Carrió, Roberto Gacio, Miguel Sánchez, entre otros, junto a un grupo de críticos y artistas, para quienes, en ocasiones de manera puntual, las labores relativas a la investigación constituyen la base imprescindible para el desarrollo de sus tareas específicas.

        La búsqueda y el cuestionamiento inscritos en un principio en el plano de la pragmática, y asociados, por tanto, a necesidades planteadas por la creación artística, más tarde se vieron acompañados por una actividad esencialmente teórica, cuyos lazos con la propia creación artística no siempre resultaban inmediatos, ni proyectados hacia el presente. Tiene lugar una suerte de pesquisa de gabinete sobre fuentes documentales de carácter escritural que toma como material primigenio registros de repertorio, textos programáticos, reseñas, gacetillas y críticas de espectáculos, así como los textos dramáticos, único material testimonial de índole artística en una expresión creadora de naturaleza efímera e irrepetible como el teatro, de suerte que, alentada también por los estudios literarios propios de otras esferas como la lírica y la narrativa, la dramática resulta zona privilegiada a la que luego se unen las historias de las agrupaciones escénicas y, con fortuna, el examen de algunas etapas y movimientos artísticos.

        Así, la investigación que asume como campo el arte del actor o del director resultó privativa de los propios artistas – en realidad de apenas algunas figuras, entre las que sobresalen Adolfo de Luis, Vicente Revuelta, Berta Martínez, Roberto Blanco y Armando Morales, este último en el ámbito del títere--, mientras unos pocos colectivos la incluían en sus bases programáticas, tal es el caso de Teatro Estudio, Teatro Escambray y el Cabildo Teatral Santiago ( en sus primeras etapas), a los que suceden Teatro Buendía, Teatro del Obstáculo, El ciervo encantado y el Estudio Teatral de Santa Clara.

Desde el surgimiento del Ministerio de Cultura en 1976 con su correspondiente estructura de direcciones nacionales por esferas de actividad, dentro de la Dirección de Teatro y Danza se desarrollaron labores de investigación dirigidas fundamentalmente a los temas de la organización y la economía teatral y al estudio de las audiencias, aunque también se incluyeron otros relativos al diseño escénico y al teatro para niños. Es este el embrión a partir del cual se confeccionó el proyecto de un área especializada en la investigación y la información que, en 1984, fue presentado a la entonces Academia de Ciencias de Cuba resultando aprobado en 1988 coincidentemente con la implantación del nuevo sistema organizativo de las artes de la escena, y que da lugar al Centro Nacional de Investigaciones de las Artes Escénicas.

        Hasta el presente dicho centro ha llevado a cabo sus labores en las áreas del trabajo del actor, la creación dramatúrgica, la economía y la organización teatral, la formación de los públicos teatrales, los repertorios históricos de las principales agrupaciones, a las que se han sumado en tiempos más recientes el teatro lírico y la danza contemporánea.

        A partir del año 2000 los resultados de estas pesquisas comenzaron a ser socializados con sistematicidad mediante la publicación regular del Boletín Indagación ( cuyo formato excede el de un boletín en sentido estricto) y de una colección monográfica, y la creación de un sitio web, a los cuales se añade la publicación de los libros El Teatro Nacional de Cuba. Esa huella olvidada, de Miguel Sánchez León, El juego de mi vida. Vicente Revuelta en escena, de Esther Suárez Durán, y la multimedia de próxima aparición La danza moderna en Cuba, de Fidel Pajares Santiesteban.
        Desde fines de la década del noventa y durante estos primeros años del 2000 nuevas entidades con fines similares han ido surgiendo asociadas a los Consejos Provinciales de las Artes Escénicas en los territorios de Camagüey, Matanzas y Santiago de Cuba, sin que hasta el momento exista, sin embargo, una verdadera relación de comunicación e intercambio entre ellas.

        Recientemente fue creado en Santa Clara el Centro de Investigación Teatral Odiseo (CITO), adscrito al Estudio Teatral de Santa Clara, como orgánica derivación de las labores de indagación artística que, desde un inicio, animaron el trabajo de la mencionada agrupación villaclareña.

        Dentro del sistema de la enseñanza artística, entre los centros formadores de los nuevos talentos, solamente al nivel de los estudios superiores que tienen lugar en la Facultad de Arte Teatral del Instituto Superior de Arte halla la investigación un espacio, aunque las actividades de este tipo aún estén referidas primordialmente a los ámbitos históricos y teóricos y apenas como excepción se encuentren vinculadas a las áreas de creación artística. La investigación se desarrolla allí a partir de algunos integrantes del claustro docente mientras, al nivel de los estudiantes, ocupa los primeros planos fundamentalmente durante las fases preparatorias de los trabajos de diploma.

        Al igual que sucedía en los espacios de la creación artística en otras zonas del planeta, hasta fines de la década del setenta para nuestra gente de teatro las tareas investigativas eran algo ajeno y hasta antagónico con respecto a las disciplinas artísticas, hacia lo cual primaba una actitud de recelo y alarma. Ciencia y arte eran vistos como dos polos opuestos a pesar de que el propio arte teatral, en su trayectoria más reciente, mostraba los ejemplos magníficos de una mentalidad científica en el sistema de Konstantin Stanislavsky – quien descubrió y sistematizó los mecanismos técnicos fundamentales para el trabajo del actor en la contemporaneidad— y de las elaboraciones teórico-técnicas de Bertold Brecht en las zonas de la dramaturgia, la puesta en escena y el trabajo del actor, animadas en la dialéctica y en la concepción materialista de la historia.

        Paulatinamente la socialización de la estética de Grotowsky a partir de su continuador, Eugenio Barba, y los propios aportes de este último con el teatro antropológico, así como la incorporación a la vida profesional de las nuevas promociones de los centros formadores, entre otros fenómenos, han contribuido al nacimiento de una actitud diferente entre nuestros teatristas en la que también colaboran las recientes publicaciones que, producto de la investigación, rescatan y descubren para todos una zona fundacional de la memoria teatral cubana viva y actuante en la escena presente.

        Por supuesto que la investigación, cualquiera que sea su campo, se alza sobre la acumulación del conocimiento, por lo tanto la conciencia de su necesidad e importancia solo hallará espacio en nuestras huestes teatrales cuando ellas alcancen los niveles de información pertinentes. A su vez esta información se hará más vasta y fecunda cuando nuestros artistas incorporen a su quehacer cotidiano una postura de indagación y búsqueda consciente y sistematizada, y la consiguiente reflexión sobre sus hallazgos.

        Solo entonces la escena nuestra habrá conseguido su madurez, y la historia profesional que nos antecede se volverá elocuente herramienta de labor, a la par que constituirá claros y sólidos peldaños para continuar la ascensión.

 

(tomado de www.cubarte.cult.cu )


-salir a portada-