La primera vez
de Michal Walczak
(un homenaje a Blanca Rosa Gil)
TEATRO DE LA LUNA
puesta en escena y dirección general:
actuaciones de:
Yordanka Ariosa
Liván Albelo
estreno en Cuba: 6 de marzo de 2010 - sala Adolfo LLauradó
funciones hasta el 21 de marzo
diseños escénicos: Raúl Martín
músicos: Waldo Díaz (piano)
Diana Rosa Suárez (percusión)
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-fotos: Enriquito Núñez-
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Una llamada de medianoche. Notas al programa de manos. por Ernesto Fundora Es la décima vez que suena el teléfono a mitad de la noche. Después de atravesar la ciudad desastrosamente iluminada, deambular entre demasiados bloques de viviendas, encontrar el edificio, la escalera, el piso y la puerta tras la que se urdieron las circunstancias, Él y Ella se confrontan de nuevo para trazar el itinerario de su primera vez. Defendida a toda costa por Él, saboteada por los constantes exabruptos de Ella, queriendo y no, uno la asume como hecho necesario, oportuno y deseado, pero intrascendente; mientras la otra ansía una primera vez perfecta, absolutamente meditada y como resultas de una decisión tomada con, permítanme la expresión, sabiduría. Un hecho y dos lecturas posibles. Dos protagonistas para una misma historia. Pero la vida siempre reparte los naipes a su modo. Y siguiendo el falso hilo de la costumbre —hilo que, tensado, genera múltiples variaciones en la armazón de la teatralidad—, la esperada primera vez se pierde en un laberinto lúdicro que nos deparará una inusitada confusión. El texto mismo nos da la clave: todo ocurre demasiado deprisa. El espectador habitual de las puestas en escena de Raúl Martín y Teatro de la Luna reconocerá también en este espectáculo las claves que distinguen y singularizan la poética creativa de este director y su grupo en el panorama del teatro cubano contemporáneo. La comprensión del teatro como artificio —visión heredada de su maestro Roberto Blanco—; el énfasis en lo coreográfico de las composiciones escénicas; la manera de articular un cromatismo coherente entre la escenografía, el vestuario y las luces; el papel protagónico de la música —pensada aquí como homenaje a una de las grandes de la canción cubana: Blanca Rosa Gil, y concebida para ser ejecutada en vivo— y el desempeño del actor-bailarín-cantante como centro desde el cual se erige el discurso espectacular, acercan el texto de Michał Walczak a nuestras sonoridades y burlan el engañoso afán de cercanía temática o geográfica porque los dilemas a los que nos enfrentan, en apariencia sencillos, involucran la disfuncionalidad de la comunicación, la falta de perspectivas en común y la ausencia de visiones compartidas; problemas cotidianos, ciertamente, pero no menores. Mucho más si comprometen algo tan deseable y propio como el amor. Porque todo, incluso la felicidad, comienza por la primera vez.
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LA LUNA sublima… LA PRIMERA VEZ… Colmada la sala Adolfo Llauradó con el estreno del espectáculo del grupo Teatro de La luna bajo la certera dirección de Raúl Martín, con la obra La Primera Vez del dramaturgo polaco Michal Walczak. El texto fabula, en confusa apariencia, entre bloques y bloques; merodea entre circunstancias comunes y contradictorias, encuentros y desencuentros de la vida y del amor que en su “primera vez” y, en ocasiones, son víctimas de la fatal incomunicación, arma letal que frustra la ilusión de los hombres. Martín empalma con sutilezas la polaca historia para su historia insular, imprimiendo ese estilo personal que desde la presentación de La Boda, de Virgilio Piñera, en 1994 (su primera vez), marcó las pautas necesarias de su poética, en la que a pasos vertiginosos hoy, deviene en esta muestra que nos la recuerda. LA LUNA viene de vueltas con una ágil versión y un discurso espectacular que traduce en elegante y achampanada comedia de salón, donde el concilio de lo musical, las partituras coreográficas y la imagen plástica conforman una urdimbre compacta en la escena. La escenografía, sugerente y transformable, debuta sin atavíos en la polisemia espacial, adentrándose en ella la exquisitez y el buen gusto de texturas y matices del diseño del vestuario de los personajes, cuyos trajes denuncian con donaire la esencia genérica de la pieza. Las luces, las necesarias, para distinguir lugares estados y tiempos, mientras, la música latente en casi todos los momentos y sin convertirse en punto focal, esta vez en vivo, se convierte en un lujoso complemento dramatúrgico en función de la acción y con virtuosismo dramático por parte del pianista Waldo Díaz y la percusión de Diana Suárez. Las canciones, devenidas en homenaje a la recordada Blanca Rosa Gil, edulcoran la puesta, nuestros sentimientos y nostalgias en las magníficas interpretaciones de los jóvenes actores Yordanka Ariosa y Liván Albelo quienes, orgánicos y verosímiles, entran en un “deprisa” juego escénico, tal como y suceden los acontecimientos. Notorio es el riguroso trabajo con las voces, musicalidad y registros, además de la desenvoltura estilística, fina y grácil de las propuestas coreográficas de los danzantes en sus movimientos. El sincronismo locuaz de los duetos de Él y Ella denotan, sin lugar a dudas, el crecimiento histriónico de estos actores que ya prometen en las tablas cubanas. Yordanka, actriz temperamental, se adueña de la escena, lleva segura las riendas en el encuentro con Liván, capaz, sincero y competente rival, integrales ambos en el desempeño actoral que les ha correspondido interpretar, dos jóvenes que un día llegaron a LA LUNA y “deprisa; después de su primera vez, sublimizan la escena, bajo la distinguida batuta de su director. Se agradece, entonces, el recuerdo…se agradece este homenaje…se agradece, siempre, LA PRIMERA VEZ…
Un comentario de Roberto Gacio El pasado 6 de marzo de 2010 en la Sala Adolfo Llauradó de esta capital, se estrenó La primera vez, del autor polaco Michal Walczak, por el Grupo Teatro de la Luna , bajo la dirección de Raúl Martín. Texto aparentemente ligero, encierra los difíciles temas de la incomunicación en las parejas, y la visión del sexo como hecho muy circunstancial, separado, por tanto, de la expresión amorosa. El autor ha creado un tejido dramático fragmentado y situado en la cuerda del absurdo. A veces el enredo se contrapone, se distiende y nos deja un poco confundidos, hasta que al final el conflicto se esclarece de manera "natural" . Raúl Martín desarrolla un juego escénico subyugante, de un atractivo visual seductor. Su puesta en escena posee precisión, brillo en las composiciones y la exacta colocación de las canciones, de la coreografía o la pantomima. Un mecanismo de relojería iluminado por el alma de los intérpretes. Como parte de su poética: el baile -entendido como danza-teatro- y la música, esta vez en vivo. El discurso artístico incluye el atractivo uso del color en el vestuario y en la selección de los objetos y elementos escenográficos. El director-diseñador traza una visión plástica de esta farsa, una evidente construcción del artificio, como solución escénica y artística que nos remite al teatro teatral, concepto defendido con brillantez por Robert Blanco, maestro de Martín. La música, interpretada por Waldo Díaz, pianista y arreglista y Diana Rosa Suárez en la percusión, ocupa un papel protagónico. Son las canciones inolvidables en la voz de la mítica cantante de los años 60 Blanca Rosa Gil, y en la de los actores. En cuanto a las actuaciones, estos jóvenes artistas, Yordanka Ariosa y Liván Albelo se sitúan a la vanguardia de los intérpretes de su generación. Tanto ella como él gozan de amplias dotes histriónicas: fisicalidad, dicción y proyección excelentes, talento para el baile y el canto, y sobre todo, la cabal interiorización de sus personajes, que incluye diferenciar situaciones, estados de ánimo, realizar transiciones depuradas y matizar sus parlamentos, de modo poco usual entre los que se inician. Un espectáculo que cuenta con un texto universal y por tanto aplicable a nuestra realidad. Músicos, actores y un equipo de realización y apoyo de lujo, más un director cuya creatividad ya demostrada, lo ratifica una vez más como un artífice deslumbrante de nuestro teatro.
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