|
Morir del Cuento |
||||
| -ELENCO- | ||||
|
Narradores Antonia Adela Micheline Calvert/ Anciana Siro José Ramón Vigo/ Carlos Padrón Ismael Faustino Pérez
Personajes de la Historia Sendo Gilberto Soubiaur Tavito Fidel Betancourt/ Enrique Bueno Lucinda María Elena Soteras Delfina Judit Carreño/ Marcela García Piro Kelvis Sorita/ José Alejandro Sargento Pedroso Yunier Suárez/ Fabricio Hernández Medina La Gallega Amada Morado/ Micheline Calvert La Vieja Nancy Rodríguez/ Terely Vigoa Compadre Yunier Suárez/ Denys Alejandro Ramos Tramoyista Yunier Suárez Utileros Javier González Tabares/ Juan Carlos García
Campesinos, Guardias rurales, Jugadores Denys Alejandro Ramos/ Yunier Suárez/ Fabricio Hernández Prostitutas, Campesinas Dilsia Oquendo/ Marcela García/ Judit Carreño
y la participación especial de los niños Rubén Araujo y Raidel Casas
|
Dirección y Puesta en escena:
Diseño de escenografía, vestuario y luces Música original Jomary Hechavarría Asesoría literaria Abel González Melo Coreógrafo asesor Alberto Méndez Diseño de cartel Ismael Gómez Peralta Diseño de maquillaje Asistencia de dirección Fabricio Hernández Medina/ Terely Vigoa Producción Dayamí Amador/ Mercy Páez
-Equipo Técnico- Luminotécnicos RenéO’Reilly/ Alejandro de Moya/Miguel A. Perera Sonidistas Adrián García/ Andre García Atrezzista Rudololf Ramírez Maquillista Peluquero Eugenio González Vestuaristas Vivian Bárzaga/ Liber Bárzaga Construcción de Escenografía Tecnoescena Tramoya Lázaro Portales / Juan Carlos García / Javier González Jefe de Escena Fabricio Hernández Medina/ Juan Carlos García Relaciones Públicas Dayamí Amador Jefe de Sala Rita Rodríguez Administración María Victoria Verdasco Subdirección Loly Fernández
Dirección General de la cía. teatral hubert de blanck:
|
-Notas al programa de mano- Un tren que pide vía Suele despertarme la imagen de un tren que se me encima y desesperada, ferozmente, pide vía. La neblina del sueño no me permite más dato: apenas el avance veloz, los raíles desorbitados, el sonido que persiste en mis oídos y el recuerdo vago de mi primera escuela al campo. Todo lo demás es el temor del instante y la convicción, diría total, de que se trata de mi último segundo. De una manera agitada ha transcurrido este proceso de montaje de Morir del cuento. Al desbrozar el sendero de esa guardarraya infinita que es la memoria, hemos caído una y otra vez en la trampa de la simulación. Insistimos en perseguir las regiones de verdad (“de realidad”, pretendemos) de la historia y nos estremece el convencimiento de que a la plena ficción pertenece la armazón textual. Cómo recomponer un suicidio posible, verificable en estos días, en esta ciudad, en este país donde Tavitos y Sendos, hijos y padres de un nuevo modelo social, siguen insistiendo en la traición y en el amor. Y cómo contar esa fábula cercana, rural y urbana a la par, sin que se pierda el sabor del mango o el tamarindo, el olor de la tierra cuando la lluvia cae, la sugerencia de una remembranza casi exacta, casi ideal, claves todas con las que Estorino ha perfilado esta obra de genio y madurez. El director ofrece su respuesta desde los centros del debate social, visto el sistema de personajes en la pieza como un entramado donde varios seres humanos viven, o narran lo vivido, o lo representan. Difícil será caer en la ilusión, y aunque parezca paradójico, difícil podrá ser abandonarla. Al adentrarse en esta dinámica de asimiento y desgaje, los actores convocados, los sujetos de carne y hueso que interpretan todos los roles de la puesta en escena, quedan obligados a revisar su oficio, sus virtudes y escollos, mediante una textura rica en palabra edificadora y dramática. Un espectador advertirá que el juego no cesa, como no se renuncia a la idea de perseguir un recuerdo único y verdadero que defienda, tras la muerte, cuanto hemos sido o añoramos ser. Otro espectador se guiará apenas por la violencia y las camisas ensangrentadas. Como quiera, en esa memoria huidiza y en ese paño rojo habitarán el misterio y la duda con que Morir del cuento, testimonio y mundo, aún nos desafía. Abel González Melo
Estreno en el Teatro Sauto de Matanzas el 26 de Enero´05, como parte del evento 80 Estorinos En Ciudad de La Habana la obra será estrenada el 5 de febrero´05 en la sala teatro Hubert de Blanck,como parte de las actividades de la Feria del Libro, que este año estará dedicada precisamente a Abelardo Estorino; la obra permanecerá en cartelera todo el mes de febrero, Y LUEGO HASTA EL 13 DE MARZO´05. |
||
El arte de morir contandopor Abelardo Estorino A veces me preguntan cuál es mi obra favorita. Se refieren a las que he escrito, claro. Del teatro universal me
resultaría muy difícil la selección. Entonces demoro un tiempo en responder, no para lograr un suspense a lo Hitchcock, sino porque es difícil tomar una decisión en ese momento. Unos días pienso de una manera y a veces todo lo contrario. La decisión está entre Morir del cuento o Vagos rumores. Entre ellas encuentro ciertas similitudes. Morir del cuento trata de lograr que en el escenario sea evidente la artificialidad del arte, algo aprendido en Brecht, aunque algunos aducen que se trata de una influencia pirandelliana. Cualquiera de los dos sería un buen maestro y se convertiría en modelo, pero me parece que en Pirandello existe una preocupación metafísica cuando dramatiza los procesos teatrales que no es mi propósito. Mi aspiración es más simple, quiero, como en el teatro épico, que el público no acepte el escenario como ilusión y medite sobre las ideas que la obra propone. Allí es evidente que en la representación no es la realidad lo que vemos sino el reflejo que la memoria utiliza para recordar un suceso en que todos los personajes, seres de ficción, se han visto envueltos. En Vagos rumores, El Mendigo, personaje del poema El baile de J. J. Milanes, nacido de la imaginación del poeta, impulsa a su creador a representar su vida para alcanzar la lucidez necesaria y descubrir mediante la memoria su sentido y recordar de nuevo toda la ordalía que atravesó para terminar siendo un gran poeta. La historia no sucede ante nosotros, no existe la trampa de una escenografía naturalista con tinajeros y bargueños y cantos de pájaros grabados; solo lo necesario para despertar la conciencia de los espectadores y decidir junto con el poeta, devenido criatura teatral, si valió la pena cambiar el latido de la sangre y la ilusión del amor por la tortura de enfrentarse a las palabras y pasar a la historia.. He repetido con intención las palabras memoria y representación porque son las herramientas que ahora utilizo para componer mis obras, una vez abandonados los esquemas realistas de la piece bien faite. ¿Qué más decir? Confesar, que como siempre, en el arte está nuestra biografía: las horas y los recuerdos, los sueños del dramaturgo y la indiscreción de revelar los secretos familiares; utilizar a los amigos, sus manías y errores, para tratar de esclarecer en lo posible ese misterio perenne que nos propone el no saber adonde nos conducen todas las alegrías, la felicidad de los amores adolescentes, las muertes de los que nos acompañaron durante el camino y la ausencia y soledad de la vejez. Siempre aspiramos a la perfección, a la felicidad, y quisiera terminar con un himno, un himno a la vida. Sólo puedo asegurar que la obra que verán dentro de unos minutos demuestra que el teatro ha sido mi entrega, mi refugio, mi felicidad mayor.
|
un comentario crítico de Miguel G. Valdés
El arte de morir contando: por Abelardo Estorino
Morir del cuento en Cuba: un comentario aparecido en Caracas
un comentario escrito por Ada Oramas