N E V A D A
de
Abel González Melo
“Escala térmica para actores en trece momentos de un dia”
EN
SALUDO AL 48 ANIVERSARIO DE LA COMPAÑÍA TEATRAL “RITA MONTANER”
“Las lagrimas sonríen, la tristeza es de alas,
las alas dan amor inconstantes, allá en Nevada.”
-Luis Cernuda-

-diseño de cartel: Pilar Fernández Melo-
estreno absoluto: sábado 9 de enero de 2010 - sala teatro El Sótano
funciones de viernes a domingos hasta mediados de febrero
-ELENCO-
Lucía Ferrer: Giselle Sobrino / Yanelis Portuondo
Osmel Ferrer (hermano de Lucía): Rogel Rodríguez / William Sinclaer
Magda Puente, La madre: Loretta Estévez / Margarita Placeres
Rosnay Durán: Yarien Rodríguez / Dayron Moreno
Frank Lobato: Esteban León
Higinio Mariñas: Rafa Quesada / Jorge R. Ramírez
Diseños y Realización de Escenografía y Vestuario: Adán Rodríguez Falcón
Diseño de Luces: Jorge L. Jorrín
Diseño de Banda Sonora: Fernando de Jesús
Coreografías: Yarien Rodríguez
Asesoría Teatral: Lilliam Susel
Asesoría Musical: Juan Piñera
Director Asistente: Roberto Vega Llort
Asistente de Dirección: Frank Cintron
Producción: Pedro Fernández
Edición Musical: Daniel Piña y José Braojos
Dirección Artística: Fernando Quiñones Posada
Dirección General de la Cía. Teatral Rita Montaner: Gerardo Fulleda León
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TODA LA ACCIÓN TIENE LUGAR EN LA HABANA
ENTRE LAS MADRUGADAS DE UN JUEVES Y UN VIERNES DEL MES DE ENERO
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Notas al programa de manos Volver los ojos hacia el presente con mirada objetiva es siempre un riesgo. Y es que se puede observar el pasado o pensar el futuro en tanto el tiempo que pasó o el que está por venir nos deja la posibilidad de una reflexión más serena y, por tanto, cabal del acontecimiento. En este riesgo de asumir la actualidad con mirada escrutadora y polémica tiene, Nevada una de sus más caras cualidades. Abel González Melo, muy joven autor pero ya con un camino cierto recorrido en nuestra dramaturgia, profundiza una vez más en este micromundo –no tan pequeño- de madrugadas habaneras y contrabandos lúbricos, en un ambiente que anula términos como virtud y moralidad. Rosnay, proxeneta –entre otras cosas- sueña con viajar a Nevada y arrastra consigo a Lucía, su “novia”. Nevada no es un anhelo de Lucía pero no quiere perder a Rosnay, así que decide irse, ilegalmente, con él. Comienza así el argumento de esta fábula que se complica de un modo insospechado. Sus personajes son hombres y mujeres de un aquí y un ahora conflictivo y espinoso, criaturas con una realidad difícil de enfrentar -arduo material para dialogar con el espectador-, pero también con sueños y afectos legítimos. Lucía, Magda y Osmel constituyen, con todo, una familia cubana. Son testigos y protagonistas de nuestro día a día. Llevar a escena esta obra es un empeño loable en sí mismo porque implica un compromiso, una postura ética ante la realidad que el argumento propone, y al mismo tiempo plantea un desafío formal para que el espectáculo logre crear una vívida y nueva proyección de ese texto. Con una concepción muy personal que recrea el universo sensorial del cubano, su sentido de la musicalidad y el ritmo, su sensualidad innata y tropical, Fernando Quiñones Posada es el artífice de esta audaz puesta en escena. Cotidianidad y sobriedad expresionista se mezclan en la original visualidad de la representación. El elenco que lo respalda tiene una tarea difícil: colocarnos, como público, ante un espejo hacia el que, generalmente, no nos detenemos a mirar, por lo feo o lo desagradable del reflejo. Pero si al terminar la función cada espectador se va con una respuesta, una interrogante, una reflexión, un cuestionamiento o un simple pensamiento acerca de estos personajes –no los que fueron interpretados por los actores, sino los que inspiraron la trama-, entonces el equipo creador habrá cumplido una de sus expectativas. Porque Lucía, Rosnay, Osmel, Magda, Higinio y Frank están ahí, cruzando las calles frente al Capitolio, o al doblar de cualquier esquina, a nuestro lado –o quizás más, mucho más cerca-, quién sabe si soñando una nevada bajo ese sol abrasador. Lilian Susel Zaldivar de los Reyes.. Cerro (La Habana), 20 de noviembre de 2009. |
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fotos: Pepe Murrieta |
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