Alberto Oliva o el arte de la producción teatral
entrevista y fotos: Pepe Murrieta
| Oliva el pasado viernes 16 de junio rodeado de Nancy Benítez Trueba, directora general de La Casona de Línea, Renecito de La Cruz y otros trabajadores de nuestra institución. |
Alberto Oliva nació en el poblado de Güines el 19 de junio de 1941. A sus 65 años es reconocido como uno de los mejores productores teatrales del país de todos los tiempos. Se mantiene al frente de la Sala Teatro Adolfo LLauradó, que forma parte del complejo cultural La Casona de Línea, cuyos trabajadores quisieron celebrar su cumpleaños, y se reunieron en un íntimo y ameno brindis, en los jardines de la hermosa institución situada en El Vedado habanero. Minutos antes, aproveché la ocasión para de manera personal rendirle tributo, desde un sitio web del que él se confiesa visitante diario y fiel defensor.
PM: Quisiera que en esta breve conversación, entre todo lo valioso que pudieras contarme, te refirieras a dos tópicos fundamentales, a Oliva como productor teatral de excelencia, y al amigo y hombre muy cercano a los hermanos Revuelta.
AO: Mira Murrieta, yo he hecho de todo en el teatro y eso me ayudó mucho a conocer bien la producción teatral. Primero estudié actuación en la Academia de Arte Dramático de Mariano que tenía Vicente Revuelta, eso fue a finales de los cincuenta, influenciado por el también estudiante en esos momentos Valentín Oquendo. Es entonces cuando Luis Interián crea el Guiñol de Mariano y me propone que me vaya a trabajar al grupo. Y actué en El retablillo de Don Cristobal, la primera puesta en escena del colectivo que poco después, con el triunfo de La Revolución, se convierte en el Guiñol Provincial. En esta etapa, a la vez que actuaba y manejaba títeres, ya me provocaba curiosidad el trabajo de las luces, el audio, los diseños de escena, y me acercaba y vinculaba por mi cuenta con las tareas propias de la producción teatral. Pude compartir aquellos tiempos con inolvidables creadores como Graciela Fines, Angela Fernández, Osvaldo Praderes, Julio Riera, Miriam Sánchez y Santiago Montero, entre otros.
Ya había conocido tanto a Vicente como a Raquel; con Ella tenía encuentros periódicos en la casa del Movimiento 26 de Julio de Marianao pues ambos éramos miembros de esa organización revolucionaria. En una ocasión ella llegó a la Academia; la casa estaba en reparación, y nunca he podido olvidar aquel primer contacto humano entre los dos, cuando, siendo ella una actriz consagrada, una estrella a la que yo admiraba tanto, se me acercó suavemente y me dijo "Este olor a pintura me gusta...me produce una sensación de frescura, de vida..." y me sonrió con la mirada fija, de esa manera tan peculiar en que a veces lo hacía, y seguimos conversando durante unos minutos.
Ya habían creado Teatro Estudio, con Corrieri, Pedro Álvarez, Héctor García Mesa, Ernestina Linares, Rigoberto Ávila y Antonio Jorge...creo que no se me escapa ningún nombre... hay un documento oficial que se hizo circular en su momento.
PM.¿Te vas ya con Raquel en ese momento a Teatro Estudio?
AO:
No. A comienzos de los sesenta me vinculé al Teatro Juvenil de La Habana, y no
es hasta 1969 en que
Raquel me llama y me pide que me integre al grupo. Comencé como actor, y formé
parte del elenco de La toma de La Habana por los ingleses, dirigida por
José Milián, y luego en Memorias de Fermín, con Edwin Fernández, y
también fui dirigido por Berta Martínez en Don Gil de Las Calzas Verdes.
Pero te confieso Murrieta que actuar no me producía tanta satisfacción como
verme envuelto en los trajines propios de la producción del espectáculo. Así que
finalmente convencí a Raquel, y dejé de actuar y pasé a ser utilero,
musicalizador, jefe de escena, operario de luces, o jefe de producción. Comienzo
entonces a sentir un mayor acercamiento entre Raquel, Vicente y yo, porque yo
era obsesivo con el trabajo, para que todo saliera de la mejor manera posible, y
a Raquel le gustaba que yo diera opiniones, y me metiera lo mismo en que si esa
no debía ser la textura de las telas a usar en una puesta, o que si era
imposible meter un caballo blanco de verdad en el escenario (era la idea de
Berta Martínez para la entrada de la luna en una escena de su genial Bodas de
Sangre) y pronto con ellos aprendí algo muy importante, que en la escena
sólo debe estar lo que va a tener uso, aprendí la importancia de la síntesis
dentro del proceso de creación artística. Y así fui ganando experiencia en este
sentido, y mi dedicación, mi puntualidad y mi autoexigencia hicieron que me
ganara la confianza tanto de Raquel como de Vicente. No te niego que discutía
mucho con ellos, y hasta que no me diera cuenta de que tenían la razón en algo
yo me mantenía firme en mi criterio...creo que eso también le gustaba mucho a
Raquel, y ocasiones era ella quien cedía y reconocía el valor de mi opinión.
Vino la parametración. Yo había sido movilizado en ese momento en un campamento militar, por la Reserva de las Fuerzas Armadas, y al llegar a mi casa de pase tenía un recado de Raquel para que la llamara urgente; era que también estaba citado para una entrevista con Quesada, es decir, que mi nombre integraba la lista de los que supuestamente no cumplían "los parámetros para ser trabajadores de la cultura". Fui, me entrevisté con Quesada, y regresé y seguí trabajando en la sala teatro Hubert de Blanck como si nada, y en esos momentos la valiente y humana actitud de Raquel -también de Berta Martínez y otras importantes figuras- me ayudó mucho y me hizo confiar más en ella y en mí mismo. Realmente llegó un momento en que nos hicimos imprescindibles el uno para el otro en el ámbito profesional.
Cuando Raquel es nombrada Presidenta del Consejo Nacional de las Artes Escénicas en el año 1988, me pide que me vaya con ella, y sin abandonar Teatro Estudio le ayudo en innumerables tareas artísticas, organizativas, ejecutivas. Asumo la Producción General del primer Festival Internacional de Teatro de La Habana que se realiza siendo ella presidenta del Consejo, creo que fue en el 91. Y así seguimos unidos; luego ella recesa en ese cargo de nivel nacional, pero seguimos trabajando muy juntos en La Casona de Línea con Teatro Estudio.
...Fui yo, Murrieta, quien vistió su cadáver en la funeraria de Calzada y K. Subí yo solo el féretro a la sala, y estuve a su lado hasta el último momento. A veces siento su presencia cerca de mí, y me produce mucho orgullo haber sido su amigo. Por supuesto que lo sigo siendo de su hermano Vicente.
PM: Entonces háblame ahora de tus criterios acerca de cómo debe ser un buen productor teatral.
AO: Primero que todo debo decirte que a mí particularmente me ayudó mucho haber comenzado siendo actor, y darme cuenta a tiempo de que no me gustaba actuar. Pero es imprescindible conocer todo lo que forma parte del proceso de creación de una puesta en escena. Cuando me han pedido que imparta un curso de Producción, sin pensarlo dos veces digo que no, porque tal y como lo concibo sería demasiado largo, porque yo enseñaría primero diseño de luces, luego diseño de escenografía y de vestuario, y muchas otras cosas (este criterio lo aprendí básicamente de Rubén Vigón y de Magaly Boix). He trabajado también y con mucho placer con mi amigo Héctor Quintero, de quien creo que nadie como él hace el teatro popular; igual con Berta Martínez, que para mí es la maestra del teatro espectacular. He trabajado junto a Estorino en sus grandes obras...y a algunos de ellos he tenido a veces necesidad de decirles: no, la idea es maravillosa, pero es irrealizable... Y eso es también algo que un buen productor teatral debe tener en cuenta durante el proceso de montaje, conocer límites, tanto como ver con sentido artístico el trabajo que hace. Conocer de los efectos que producen los distintos colores, de maquillaje, de las telas que reflejan o no la luz, entre otras muchas cosas, ha facilitado mi interrelación profesional con creadores de la talla de Saskia Cruz, Carlos Repilado, Raúl Oliva, Arrocha, Nieves Laferté, Miriam Dueñas, Jesús Ruíz. Mira a mí me gusta mucho el trabajo de Jesús Ruíz, porque él da mucha importancia a la síntesis, a que nada esté por gusto en el escenario.
Yo prefiero formar en la práctica a los jóvenes que trabajan cerca de mí; como tú sabes, ya en estos últimos meses, con Nancy Benítez al frente de La Casona de Línea y con los nuevos proyectos que se llevan a cabo, han pasado por aquí muchachos que sólo tenían nociones, sin embargo está el caso de Chuchy (Jesús Darío Acosta) que acaba de trasladarse a trabajar con Carlos Celdrán en Argos Teatro, y también Yanko Marrero que ahora forma parte de Teatro de La Luna, con Raulito Martín. Los dos se formaron aquí en la sala Llauradó, porque ví en ellos habilidades y aptitudes, y sé que van a seguir aprendiendo mucho y podrán llegar a ser un día excelentes productores teatrales, porque van paso a paso, por las luces, por el sonido, la asistencia de dirección, la jefatura de escena...
PM: ¿Entonces puedo entender que te sientes totalmente realizado profesionalmente?
AO: Bueno, haber
sentido el reconocimiento, la absoluta confianza y la amistad de una mujer con
la ideología, la tenacidad y el talento de Raquel Revuelta; haber tenido el
placer de ser llamado muchas veces por Estorino, Suárez del Villar, Berta
Martínez, Vicente...o haber sido seleccionado por el Ministerio de Cultura para
integrar la comisión de reorganización de los calificadores de cargos artísticos
y técnicos en el sector cultural...creo que sí, que he hecho lo que me ha
gustado, y lo he hecho bien, con dedicación, seriedad, y sobre todo con la
certeza y el sentido de responsabilidad de que el más mínimo detalle puede
malograr o enriquecer una puesta en escena, y eso los productores teatrales
debemos tenerlo siempre muy presente; porque hay que mantener el vuelo
artístico, y ser capaz de hacer sugerencias al director, o al diseñador, o
explicarles que, como te decía hace un rato, su idea puede ser maravillosa pero
también irrealizable. Yo he sido consecuente con esos criterios, y sí, me siento
realizado, con 65 años, muchos de ellos dedicados a nuestro teatro, en el que
voy a seguir mientras tenga fuerzas.