Pedro Vera, Estorino y  Unión de Reyes

 por Ulises Rodríguez Febles

 

Pedro Vera es un fundador, una de esas gentes que siembra, alimenta y desarrolla una idea, un sueño. Y lo hace en su pueblo natal, sin moverse de allí, de su recorrido permanente por las mismas calles. De la casa al teatro y del teatro a la casa. Últimamente el teatro es la casa, entonces solo se mueve en su imaginación a otros espacios dramáticos que los autores con los que ha trabajado han propuesto en sus obras: espacios que están en un galpón, una escuela, la casa de un burgués, un prostíbulo, un puente sobre la autopista o una casa de pueblo, que Abelardo Estorino le dejó en sus obras, una casa desde cuyas ventanas se ve la calle, la carretera que se  aleja y con ellos los personajes. Ellos han creado una particular metáfora de Cuba, desde un lugar de la geografía que se llama Unión de Reyes. Un lugar tal vez inventado, pero que cuando visitas descubres que es verdad.  Te das cuenta que Unión de Reyes existe, es real, palpable, puedes reconocer sus calles, sus casas, sus costumbres, la manera de ser su gente.  Cada vez que se habla de personalidades  como Pedro Vera, Estorino, Eloísa Álvarez Guedes, Regino Pedroso, Malanga… uno escucha el nombre de Unión de Reyes y  vuelve a repetirse la importancia que este pueblo  del sur de Matanzas tiene para ellos y para el teatro cubano, por dar continuidad y mantener una tradición teatral que Teatro D’Sur perpetúa. Un grupo que en sus casi treinta años  ha presentado en escena el más variado repertorio de la dramaturgia universal, a los autores  de  estéticas diversas, “sin hacer concesiones” como apuntó en la tarde del sábado 3 de mayo´08 el crítico y profesor José Alegría, uno de los invitados, uno de los colaboradores de Teatro D’ Sur desde  su fundación, alguien que conoció a Pedro Vera en su juventud, como el joven religioso, el amante y conocedor de las artes, el polémico y agudo conversador que hizo del teatro la esencia de su vida.  Porque ese día, en la Biblioteca Municipal, se reunieron primero, creadores, especialistas y el particular público de Unión, para inaugurar la Cátedra Abelardo Estorino, que auspiciada la Sede Universitaria Municipal estudiará la vida y obra del  maestro, del Premio Nacional de Literatura, del Premio Nacional de Teatro, del miembro de la Academia de la Lengua  Española en Cuba. 

Por la tarde,  de nuevo en el mismo lugar,  con el salón repleto de público, volvimos a reunirnos para rendirle homenaje a los treinta años de vida artística del actor Wilfredo Mesa  y de Pedro Vera en el Espacio Memorias del CDIAE.  Se repasó la trayectoria de la agrupación y de los creadores. En la mesa: Jorge Luis Cabrera, teatrologo e investigador, quien estuvo muy cercano a Vera en sus comienzos y al nacimiento y desarrollo de su labor artística tanto con Teatro D, D’Sur, José Alegría, quien es uno de los asesores del colectivo, y el maestro Abelardo Estorino. 

Todos contaron anécdotas que ayudaron a iluminar zonas de la memoria, a resguardarlas, para después difundirlas. Un homenaje a un director y un actor que han trabajado juntos durante estos treinta años, que jamás se han separado, mientras Vera  ha formado constantemente actores y actrices que nunca han olvidado su magisterio. Actores de varias generaciones que hoy forman parte de varias agrupaciones en Cuba y el extranjero, mientras ahora mismo consolida una interesante labor pedagógica con la Brigada José Martí de Instructores de Arte, de la que han nacido propuestas premiadas en eventos provinciales y nacionales como Niño Pecado, de Melanie Heine y Tálamo, de Inés María Stranger, que le dan continuidad a su interés por la dramaturgia chilena contemporánea, fundamental-mente la de Jorge Díaz, de quien estrenó esa noche Epitafio para un zapato enterrado vivo.

Sin dudas, a la labor de fundador, de director teatral, de actor y pedagogo,  también se suma la de promotor, esa figura imprescindible en la cultura de cualquier nación. Pedro Vera, es incansable en el pueblo que ama, nada lo ha podido doblegar, el trabajar en la periferia, ni que las sedes se le hayan destruido, por el viento o asaltadas por los murciélagos, ni que no las tenga, el ha persistido con una voluntad férrea, constante, titánica y ha contribuido  a que durante treinta años, el pueblo unionense siga el teatro, todo el teatro, no importa su nivel de complejidad, llenando siempre las butacas de la Casa de Cultura Pablo Quevedo, para un pueblo que los respeta.  También ha sabido crear Círculos de Amigos del Teatro, Talleres de Actuación y fundamentalmente un evento como la Jornada de Mayo: la posibilidad de  mostrar el repertorio de diferentes colectivos de la Islas, de tendencias diversas, algunos, entre lo más selecto de la nación. Teatro de calidad en un municipio de provincia, alejado del centro, pero vivo y palpitante. Un evento que el  público sigue, espera, como siempre lo ha hecho con la figura y el teatro de Abelardo Estorino, porque Pepe Estorino, siempre está con ellos, siempre regresa, siempre vuelve a recordar fragmentos de su existencia estrechamente ligada a su pueblo natal. Entonces vuelven, los dos: Pedro, Estorino, a recordar, y todo empieza desde el inicio. En una casa vieja, una puerta se abre, un hombre parte por la carretera, todos saben el destino, todos saben que volverá, siempre.

Mientras, otro, Pedro, la desanda, lentamente, ahora hacia el lugar donde estará la nueva sede del grupo Teatro D’Sur, un espacio merecido, que continuará la tradición, siempre…


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