Por el monte carulé 

álbum musical de recuerdos y visiones sobre temas de Ignacio Villa,

un niño llamado también Bola de nieve, en diez cuadros y un epílogo.

de Norge Espinosa Mendoza

 

 presentaciones en Ciudad de La Habana

 sala Hubert de Blanck: 20 al 22 de nov.´09 - 8:30 pm.

 

 estreno absoluto: Matanzas, 12 de septiembre de 2009

 

  presentaciones entre el 18 y el 27 de septiembre´09 

   salas Jean Macé y Maryse Bastié  de Charleville-Méziéres, Francia

 

-elenco-

Camarero 1:      Rubén Darío Salazar

Camarero 2:   Freddy Maragotto

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Concepto e idea visual: Rubén Darío Salazar y Zenén Calero

Banda sonora: Rubén Darío Salazar 

Diseño de vestuario, escenografía, luces y figuras: Zenén Calero

Coreografía: Liliam Padrón

Diseño gráfico: Roberto Ramos

Asesoría musical: Elvira Santiago

Asesoría dramatúrgica: Yamina Gibert

Puesta en escena y dirección general: Rubén Darío Salazar

 

 

 BOLA DE NIEVE: TODOS LOS SUEÑOS DENTRO DE UN PIANO

 

Nadie sabe cuántas cosas, cuántas melodías o recuerdos puede guardar un piano entre sus cuerdas y teclas. Nadie sabe, tampoco, cómo pueden confesarse ante un teclado de ébano y marfil las verdades de una vida. Teatro de las Estaciones se inclina hoy ante el piano en el que quizás Bola de Nieve, que es lo mismo que decir Ignacio Villa, dejó algunas confesiones: páginas de esa existencia suya que solo un piano encantado pudo guardar con tanto celo. Había una vez un niño, en el pueblito habanero de Guanabacoa, que gustaba de la música, de los juegos simples, y del cariño infinito de su madre. Todos esos amores se hicieron uno cuando descubrió el piano, y aquel instrumento enorme, desde la infancia, se convirtió en la puerta que lo condujo a otros pueblos y a otros amores. Delante de un piano, Ignacio se ganó la vida tocando en cines pobres y populares. Delante de otro, se presentó en México, durante su primera gira internacional, en la cual Rita Montaner, su amiga y amorosa rival, le regaló un nombre artístico con el cual le daría la vuelta al mundo. Bola de Nieve nació delante de un teclado. Y así regresa con cada canción en la que su voz “de persona” nos habla de una Cuba que todavía, cómo no, palpita y salta del pentagrama.

Recordar a Bola de Nieve desde el hechizo de los títeres podría parecer extraño. Pero, ¿qué podría extrañar realmente de un ser tan prodigioso, que se transformaba con cada canción, y lograba abrir las almas de públicos tan distintos? Por el monte carulé es un álbum de recuerdos y visiones en los que, a través de Bola, quisiéramos recuperar muchas cosas, imaginándolas en una noche en el Monseigneur, ese restaurante habanero donde dicen que aún canta su espíritu, y devolviéndolas como cartas o páginas entrañables. Sus pasiones, sus tristezas y juegos, sus alegrías y soledades, lo muestran junto a Federico García Lorca y Dora Alonso en la serie de espectáculos que, dedicados a esos seres irrepetibles, nos acercan a ellos con el gesto caricioso de quien se sabe acompañados por ellos. Mirar una vida, oírla en su propia canción, honrar a un ser humano transparente… Eso quiere ser Por el monte carulé, nuevo teclado, nuevo piano para un Bola de Nieve niño, aplaudido y eterno.

Ya se abre el piano (un piano al cual hemos llegado gracias a amigos de siempre y otros nuevos, como Ramón Fajardo y Sigfredo Ariel, a los que tanto agradecemos). Y los camareros del Chez Bola, ese Monseigneur que el artista convirtió en nuevo sitio de encantamientos, nos invitan a ocupar nuestros sitios. Las luces bajan para que comience el concierto. El concierto de una existencia que se regala como canción. A lo mejor, eso es la vida: una canción extendida como un sueño. Y los sueños caben dentro de un piano. Solo hay que saber tocar esas teclas para que todo resucite. ¿En la vida de quién, que quiera saberse soñando, no hay ya una canción de Bola de Nieve?

 

-NORGE ESPINOSA MENDOZA-

 

Un títere para Bola de Nieve

 

Por Yaismel Alba Garib, Matanzas, 12 de septiembre de 2009.

 

Tal vez el estudiante atrevido desee escribir con técnicas de teatrología o quizás como un destacado profesional de la prensa que cumple los parámetros, pero no tuviera la misma significación que si lo hiciera con los dedos enlazados a la expresión natural de una admiración a borbotones.

Entre el público experimentado estaba él, con la expectativa de presenciar la extraordinaria forma de expresión. Por fin el estreno de Por el monte carulé, puesta en escena de Teatro de Las Estaciones, dirigida y coprotagonizada por Rubén Darío Salazar, además de contar con el talento de Freddy Maragotto, se hizo realidad. La sala Papalote de la ciudad de Matanzas fue el lugar escogido para mostrar el “álbum musical de recuerdos y visiones sobre temas de Ignacio Villa, un niño también llamado Bola de Nieve”, valorada por su guionista Norge Espinosa.

A la par de dos camareros del restaurante Monseigneur, lugar en La Habana donde tocaba el Bola, el interlocutor constantemente siente un devenir de emociones diversas, modos de responder a la constante demostración de perfección y profundidad en un tratamiento sublime. Recordando también a Rita Montaner o a Edith Piaf, y utilizando canciones interpretadas por el propio Bola o, por ejemplo, Omara Portuondo, la banda sonora juega como siempre un rol más en la concepción y materialización de la puesta.

De nuevo vuelve Rubén, con la imaginación y la poesía a cuestas, a empujar con las fuerzas de la creación teatral la carreta artística de la Atenas de Cuba. Esta vez recordando al gran Bola de Nieve a través de un relato musical con títeres y figuras. El director y actor nuevamente para gratitud del público, consigue descubrir la vida y obra del músico.

Como cristal de hielo, el gran Bola es formación de talento condensado y con características únicas de expresión natural. Su arte se plasma por sí solo en todos los cubanos que oyeron y aun escuchan esas canciones repletas de energía y emoción. Este viernes hubiera cumplido 98 años, Por el monte carulé  es un regalo de la agrupación matancera a ese gran músico de todos los tiempo que permanecerá de forma eterna sentado en su piano, objeto de arrebatos y descargas, cubanísimo siempre.

Meticulosos como en todos sus montajes, Las Estaciones ha traído desde Matanzas a la capitalina sala teatro Hubert de Blanck este homenaje a Bola de Nieve, a la manera de comedia musical. Más de veinticinco melodías interpretadas en su mayoría por el propio Bola (también por Rita Montaner, Lecuona, Omara Portuondo...) integran la banda sonora que sirve de base al relato, cuidadosa en la ubicación cronológica de cada escena mediante carteles ubicados en un atril, a uno de los extremos del escenario, recurso que les sirve para proclamar la interminable vigencia de la obra del genial compositor, pianista y cantante que nació en Guanabacoa (Cuba) el 11 de septiembre de 1911 y falleció en Ciudad de México el 2 de octubre de 1971,  a quien en una ocasión una periodista intentó que se clasificara musicalmente, y contestó  "No me preocupa si soy tenor o barítono: yo tengo voz de ser humano".

Rubén Darío Salazar y Freddy Maragotto, que también -y una vez más-  manipulan los títeres con maestría, desarrollan además dentro de la puesta de poco menos de una hora de duración, un peculiar trabajo como actores que les lleva a realizar variaciones coreográficas, algunas de ellas solos, sin títeres, que el público les aplaude.

Desde el programa de manos, como subtítulo de la puesta en escena,  se anuncia que se trata de "un álbum musical de recuerdos y visiones sobre temas de Ignacio Villa".

Al finalizar esta primera función de la temporada con la que Teatro de las Estaciones se presenta en la sala teatro Hubert de Blanck con varias de las piezas de su amplio repertorio, el grupo fue objeto de un homenaje por sus primeros 15 años de trabajo. En la última foto, el momento en que Rafael Pérez Malo, Vicepresidente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, felicita y entrega varios regalos al director artístico y general de la compañía, Rubén Darío Salazar, acompañado por casi la totalidad de los integrantes del que sin dudas es uno de los colectivos teatrales cubanos más populares y reconocidos, tanto en Cuba como en el extranjero.

-crónica y fotos: Pepe Murrieta-

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