Por Yaismel Alba Garib, Matanzas, 12 de septiembre de 2009.
Tal vez el estudiante atrevido desee escribir con técnicas de teatrología o quizás como un destacado profesional de la prensa que cumple los parámetros, pero no tuviera la misma significación que si lo hiciera con los dedos enlazados a la expresión natural de una admiración a borbotones.
Entre el público experimentado estaba él, con la expectativa de presenciar la extraordinaria forma de expresión. Por fin el estreno de Por el monte carulé, puesta en escena de Teatro de Las Estaciones, dirigida y coprotagonizada por Rubén Darío Salazar, además de contar con el talento de Freddy Maragotto, se hizo realidad. La sala Papalote de la ciudad de Matanzas fue el lugar escogido para mostrar el “álbum musical de recuerdos y visiones sobre temas de Ignacio Villa, un niño también llamado Bola de Nieve”, valorada por su guionista Norge Espinosa.
A la par de dos camareros del restaurante Monseigneur, lugar en La Habana donde tocaba el Bola, el interlocutor constantemente siente un devenir de emociones diversas, modos de responder a la constante demostración de perfección y profundidad en un tratamiento sublime. Recordando también a Rita Montaner o a Edith Piaf, y utilizando canciones interpretadas por el propio Bola o, por ejemplo, Omara Portuondo, la banda sonora juega como siempre un rol más en la concepción y materialización de la puesta.
De nuevo vuelve Rubén, con la imaginación y la poesía a cuestas, a empujar con las fuerzas de la creación teatral la carreta artística de la Atenas de Cuba. Esta vez recordando al gran Bola de Nieve a través de un relato musical con títeres y figuras. El director y actor nuevamente para gratitud del público, consigue descubrir la vida y obra del músico.
Como cristal de hielo, el gran Bola es formación de talento condensado y con características únicas de expresión natural. Su arte se plasma por sí solo en todos los cubanos que oyeron y aun escuchan esas canciones repletas de energía y emoción. Este viernes hubiera cumplido 98 años, Por el monte carulé es un regalo de la agrupación matancera a ese gran músico de todos los tiempo que permanecerá de forma eterna sentado en su piano, objeto de arrebatos y descargas, cubanísimo siempre.