Roberto Zucco

por  Argos Teatro

Calle 20 de Mayo Nº 531,  Ciudad de La Habana, C.P. 10600 Cuba.

Teléfono: (537) 878-1883
E-mail: argost@cubarte.cult.cu
 

versión, dirección artística y general

Carlos Celdrán

 

 reposiciones en el 9no. piso del Teatro Nacional:  enero y febrero´04

 

Esta puesta fue seleccionada uno de los mejores estrenos del año  2003 (Premio Villanueva)

Caleb Casas en el protagónico de esta

puesta en escena de Argos Teatro.

-fotos cortesía de la compañía-

-Elenco-
Roberto Zucco : Caleb Casas
Su Madre: Verónica Díaz
La Chiquilla : Rachel Pastor
Edith Obregón
Su Hermana : Zulema Clares
Ismercis Salomón
Su Hermano : Geordanis Carcasés
Fidel Betancourt
Su Padre : José Luis Hidalgo
Su Madre: Verónica Díaz
El señor Mayor: José Luis Hidalgo
La señora Elegante: Yailene Sierra
Su hijo: Ariel Fundora
El forzudo: Danilo Aguilar
El Chulo impaciente : Yohanys Lubín
La Patrona : Esther Cardoso
Yailín Rodrígues
La Puta Alterada : Fanny Rojas
El Inspector Melancólico : Danilo Aguilar
Un inspector : José Luis Hidalgo
Un comisario : José Luis Pérez
Guardia Primero: José Luis Hidalgo
Guardia Segundo: Danilo Aguilar
Puta del bar 1: Miriam Prieto
Puta del bar 2: Mariana Valdés
Mujer del pueblo: Mariana Valdés
Hombre del pueblo: José Luis Pérez

 

-Equipo de realización-

Diseño de vestuario: Vladimir Cuenca
Diseño de escenografía: Alain Ortiz
Traducción del francés: Carla Matteini
Música: Fragmentos del disco Delirium Tremens de X Alfonso
Versión y arreglo de la canción Sombras: Ulises Hernández
Diseño de luces: Manolo Garriga
Asistente de dirección: Ileana Rodríguez
Producción: Manolo Garriga
Asistencia de producción: Yuri Llaurado
Sonido: Yuri Llauradó
Realización de vestuario: Edita Cardoso
Realización y edición de banda sonora: Ileana Rodríguez y Manolo Garriga
Armas: Jorge Rojo
Sastre: Joaquín

Realización de escenografía: Talleres de Tecnoescena

-Notas al programa-
Roberto Zucco es ya un texto clásico a pesar del poco tiempo transcurrido desde su escritura. Su fuerza y la síntesis de sus imágenes no cesan de cobrar intensidad y clarividencia con el paso del tiempo. Al intentar por segunda oportunidad dirigir la obra, los puentes y las conexiones de sus personajes con la actualidad se han hecho mucho más nítidos y sorprendentes para el equipo que esta vez ha trabajado en ello.
Bernard-Marie Koltès es sin dudas uno de los más importantes autores de nuestro tiempo, con un discurso que privilegia la palabra y el fragmento, la intensa poesía y el realismo más directo, su teatro busca con complicidad unir la tradición realista sicológica, el vértigo clásico y la radicalidad de las vanguardias, sin ocultar sus citas y sus obsesiones en sus obras todo reaparece bajo una nueva luz que deforma o amplifica la realidad. Especialmente en Roberto Zucco, su obra póstuma, Koltès murió víctima del sida a los 43 años de edad, la recreación de la vida de este asesino en serie, sacado de la crónica roja francesa e italiana de hace unos pocos años, le permite crear de nuevo un tipo de antihéroe para nuestros tiempos, heredero del Jarry del Cuento de Zoo de Albee, con reminiscencias nizchteanas, su aliento llega hasta Hamlet. Zucco encandila y desangra con su vértigo y su furia la realidad, negador, su revuelta contra todo, sus crímenes vacíos y desesperados, establecen una empatía inesperada con el espectador. Todos los personajes que Koltés sitúa alrededor de Zucco son vaciados en negativo del protagonista, la red de relaciones que tejen es el tapiz final de un mundo que no tiene ya código moral pero si ansias y odio y ganas de vivir y de cambiar, poesía y destrucción dan al final otro tipo de fe, que no por difícil deja de ser terriblemente bella y cargada de auntenticidad.
Roberto Zucco tuvo su estreno mundial en Berlín en 1990 bajo la dirección de Peter Stein, a partir de entonces ha tenido múltiples montajes en todo el mundo, en Cuba se estrenó en 1995 bajo mi dirección. Esta nueva versión de la obra no parte de los presupuestos formales ni de los objetivos de aquella sino que intenta adentrarse en zonas nuevas de cara a un momento social y personal distinto. Quizás el sueño del protagonista de ser invisible, el sueño antiutópico por excelencia de no querer ser nadie, de no querer ser nada, sólo un tren que atraviesa tranquilamente una pradera, sigue deslumbrándonos con su capacidad de revuelta y belleza.

-Carlos Celdrán-


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