Rosa Fuentes
Basada en
la novela
Un
mundo de cosas
de José Soler Puig
Teatro Orilé
dirección artística y general: Mario Morales
estreno: 3 de febrero a las 6:00 pm
Sala teatro El Sótano
funciones todos los martes, miércoles y jueves de febrero´09, siempre a las 6:00 pm
elenco:
Rosa Fuentes: Sheyla Montes de Oca
La Madre: Valia Valdés
Nicanor: Daniel Chile
Don Pedro: José Siberio Montero
El oficiante: Roynel Ledea
Diseños de escenografía y vestuario:
Lizardo Avril
Asesoría: Mercedes Melo
Asistente de dirección: Gladis Casanova
Banda Sonora: Edel Lulay
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Mario Morales y su Teatro Orilé han
regresado a nuestras tablas, en esta ocasión desde la sala teatro El
Sótano con un texto de Reinaldo Monteros, escrito a partir de la novela
Un mundo de cosas, de José Soler Puig. Morales continúa fiel a su
poética. Su predilección por el mundo de los muertos perceptible desde el
de los vivos es abordado nuevamente en este espectáculo de una hora quince
minutos aproximadamente de duración. El director artístico no hace
concesiones en su conocido y sólido estilo narrativo, y así
los cinco actores permanecen todo el tiempo en escena para no abandonar su
"participación en el ritual", que como en otras piezas de esta compañía
está marcado por abundantes elementos representativos. La historia narrada pudiera parecer sólo un pretexto para que Morales nos conduzca otra vez, con su peculiar forma de hacer teatro y abundantes escenas de gran belleza plástica, hacia cuestionamientos relacionados con el universo mágico-religioso. Hermosa es la banda sonora, y los funcionales diseños escénicos son reconocibles dentro de la mantenida y característica línea expresiva de Mario Morales, que en esta ocasión acertadamente hace uso de entrelazadas telas con los colores de la bandera cubana que facilitan el discurso de los personajes en momentos de implicaciones patrióticas. Al menos en la función a la que asistí el martes 6 de febrero´09, se destacan en sus desempeños las dos actrices, la joven de 25 años Sheyla Montes de Oca, y la más experimentada y conocida Valia Valdés, aunque también es cierto reconocer que hay mayor riqueza y dramatismo en el trazado de sus personajes, lo cual les favorece en este sentido. |
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-Crónica y fotos: Pepe Murrieta- |
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Misa de campaña (notas al programa de manos escritas por Mercedes Melo)
Reinaldo Montero insiste tercamente en leer la Historia como historias, de aquella manera fragmentaria y laboriosa, como si las negaciones con que tenazmente responde a sus propias preguntas necesitaran del balanceo explorador, de ese femenino zurcir, de este remendar un relato que nos ha llegado quizás demasiado perfecto, demasiado lineal, demasiado lleno de respuestas.
Mario Morales insiste tercamente en contar las historias como Historia, desde esa dolorosa trascendencia donde los fragmentos del mito confluyen en su sentido histórico, cósmico, sagrado.
Una historia siempre se construye desde el futuro, es decir desde el porvenir, es decir desde la muerte. El diálogo entre difuntos no es en Rosa Fuentes un mero recurso dramático ni una apelación a la literatura. En las casas de la ciudad y del campo, en salas con dos sillones como la de Rosa –como la tuya– los muertos se sientan a conversar, a recordar su estancia entre los vivos. Por eso, para Montero, cuatro sillones alcanzan y sobran para dos mujeres y dos hombres.
Pero en esta sala los muertos permanecen de pie, caen y se arrastran para elevarse siempre sobre sus obsesiones, sobre sus vilezas, apoyados en cuál hombre vivo que los convoca, revelados por una vela que ilumina el camino donde tal vez se perderán.
En medio de un expresionismo simbólico que los devuelve al recinto de lo sagrado, los muertos se levantan de las tumbas donde yacían inquietos, atormentados, y llegan a este monte sin árboles, a esta sala sin sillones, a este mundo sin color donde sólo puede vislumbrarse el rojo atroz de la sangre y de la muerte.
Por eso, cuando un sillón se mece solo, los mayores extienden la mano para detener ese balanceo pertinaz con que los difuntos quieren venir a hacernos compañía. Pero es en vano: ¿quién se ha sentado, mudo y hermético, en esa butaca vacía junto al asiento donde ahora te acomodas para el espectáculo?