Rubén Darío Salazar
 

Rubén Darío Salazar (Santiago de Cuba, 1963)

 

Director artístico, actor, titiritero, investigador teatral y profesor de teatro. Dirige el grupo Teatro de Las Estaciones desde su fundación en 1994. Licenciado en Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte de La Habana con Sello de Oro,  Profesor  Auxiliar Adjunto del Diplomado de Teatro para Niños y de Títeres  en el ISA(1999-2006). Inicia su carrera profesional en 1987 en la Ciudad de Matanzas, como miembro del Teatro Papalote. Como aficionado, estuvo vinculado a la Radio, la Televisión y el Teatro en Santiago de Cuba desde los 9 años.

 

Entre sus puestas en escena se destacan La niña que riega la albahaca, sobre un cuento popular andaluz que inspirara en 1923  a Federico García Lorca  (1996), Premio Villanueva de la Crítica, Caricato de la UNEAC y Premio Especial del Jurado del Encuentro Profesional de Guanabacoa. Pelusín y los pájaros,  de Dora Alonso (2001), Premio Villanueva de la Crítica, Caricato de la UNEAC y Premio Avellaneda del Festival Nacional de Teatro de Camaguey,  La caja de los juguetes , de Claude Debussy (2003), Premio Villanueva de la Crítica y Gran Premio Avellaneda del Festival Nacional de Teatro de Camaguey,  La Virgencita de Bronce, obra de títeres para adultos, que obtuvo el Premio Villanueva de la Crítica 2005, así como Premios Caricato de la UNEAC por puesta y actuaciones en el mismo año y El Patico feo, Premio Villanueva de la crítica 2006 y presentada en el prestigioso Festival Mundial de Títeres de Charleville-Mezieres, Los zapaticos de rosa (Premio Caricato UNEAC de puesta en escena, premios de actuación, música, diseño y puesta en la Jornada Nacional de Teatro 2009 y Villanueva de la crítica en 2007) entre otras obras premiadas y reconocidas en Concursos y Festivales de la especialidad. Como actor ha recibido el Premio UNEAC 1990 por su protagónico en la obra Romance del Papalote que quería llegar a la Luna del Teatro Papalote, Premio Florencio Escudero UNEAC 1994 por su protagónico en la obra Los Ibeyis y el Diablo, del Teatro Papalote y Premio Segismundo del Festival Nacional del Monólogo por su unipersonal La niña que riega la albahaca… del Teatro de Las Estaciones, en 1997, entre otros premios.

 

Ha participado en importantes festivales, ferias, y jornadas escénicas internacionales en Yugoslavia, España, Francia, Suecia, Rusia, Italia, Colombia, México, Venezuela, Costa Rica, Dinamarca, República Dominicana y los Estados Unidos de América.

 

En el campo de la investigación y la teoría teatral, ha publicado con Ediciones Matanzas, Tin Tin Pirulero (antología de dramaturgia para niños en Matanzas) (2002), Los músicos volantes y otros amigos (antología de jóvenes dramaturgos para niños en Cuba) (2008), y colaborado en la publicación de Pelusín del Monte (Teatro de Títeres de Dora Alonso) (2000), Pinocho y el Tiburón  Morado, de Freddy Artiles (2004), La mágica y probable historia del cuento que se durmió , de Norge Espinosa (2006), La Cenicienta, de Carucha Camejo (2008) por Ediciones Vigía entre otros…Escribe para las revistas Tablas, Conjunto, La Gaceta de Cuba, etc., y para las revistas Teokikixtli (México) y Titereando, de España. Como editor ha trabajado en el Boletín La Mojiganga y el Anuario Manita en el Suelo, especializados en promocionar el teatro de títeres nacional. Ha curado importantes exposiciones sobre los títeres y titiriteros de cuba y el Mundo, impartido conferencias y talleres en cuba y otros países. Es Director Artístico del  Taller Internacional de Títeres de Matanzas. Miembro de la UNEAC desde 1995. Miembro del Consejo Nacional de Expertos en Teatro para Niños .Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura. Posee las Medallas Hazaña Laboral, Tricentenario de la Ciudad de Matanzas, Premio Romance de la Niña Mala por su aporte a la literatura dramática para niños, Premio La Aurora de Matanzas, que entrega la Biblioteca Provincial Gener y del Monte por su promoción a la lectura, Placa Heredia de la Dirección Provincial de Cultura en Santiago de Cuba, y la Distinción por la Cultura Nacional que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba.

 

  Confidencias de Rubén Darío Salazar, titiritero cubano

 Por: Bárbara Vasallo Vasallo 

-Sufrí cuando dejé de ser niño, quería continuar en ese estado de gracia, inocencia,

Ruben Darío Salazar.           Foto: Pepe Murrieta

 ingenuidad y candidez, pero me di cuenta de que no podía dejar de crecer, entonces me refugié en el mundo teatral de la infancia-. Así piensa Rubén Darío Salazar, uno de los titiriteros cubanos más importantes de los últimos años en el trabajo con los niños y para ellos.

Siempre sonriente y con un ángel único capaz de estremecer corazones pequeños y adultos, acumula en sus cuatro décadas de vida más premios que años.

Actor y director de teatro, su carrera artística comenzó en la década del 80 del siglo XX.

Graduado del Instituto Superior de Arte (ISA), es profesor adjunto de ese centro y dirige en Matanzas al grupo teatral Las Estaciones.

Continuador de la obra de los grandes del retablo en Cuba, estudió periodismo por dos años en su natal provincia de Santiago de Cuba; luego, convencido de su amor por las artes escénicas, matriculó actuación en La Habana.

Tal vez sus inicios en el mundo de las letras, noticias y reportajes le permitieron convertirse en un investigador incansable y en cada puesta en escena manifiesta el sello que lo distingue: profundidad de análisis y mensajes didácticos.

-En el año 1999 estrenamos el Sueño de Pelusín, obra que constituyó un homenaje a su autora. Nos correspondió seguir el camino de quienes le dieron vida desde 1956, pero a la manera del grupo y de la galería El Retablo, que dirige Zenén Calero.

-Implica un seguimiento en exposiciones, libros, puestas en escena. Es una promoción del arte teatral de Dora Alonso, con quien tuvimos una bella amistad.

-Significa un rescate total de esa dramaturgia cubana auténtica, criolla, que comienza con el amor hacia Pelusín y a otros textos.

El zunzún de esa continuidad es la Casa de Pelusín del Monte que inauguraremos próximamente, un sitio para que el títere esté vivo siempre-.

Salazar se inició y dio sus primeros pasos y premios en el proyecto Papalote bajo la dirección del maestro René Fernández Santana. En 1994 fundó Las Estaciones junto al prestigioso diseñador Zenén Calero.

La presencia en escenarios de Yugoslavia, España, México, Francia, Italia, Colombia, Suecia, Rusia, Estados Unidos y Cuba, avalan su quehacer como actor, director y dramaturgo.

Inquieto, pero de hablar pausado, Rubén puso en escena recientemente la función número cien del espectáculo unipersonal La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón, de Federico García Lorca, galardonada en varios Festivales de Teatro en Cuba y representada en varios escenarios mundiales, como el Henson International Festival of Puppet de Nueva York.

-Para mí interpretar a Lorca es unir al ángel y al demonio en una sola obra, unir al duende y la interrogante-.

Crear es la pasión de este príncipe preguntón, quien anda por el mundo entre muñecos, retablos, hilos mágicos y bambalinas.

Con viejos y nuevos amigos vive en la Atenas de Cuba, que lo siente como hijo, y bajo el celoso cuidado de Silvia, su madre, que lo ve como el niño aquel declamador de poesías en la escuela.

-Voy a conservar mi corazón y mi mente intacta para la niñez que tuve y quiero para los pequeños del futuro. Hay que enseñarles a tener fe, optimismo, valentía y amor por la vida.

No hay que contaminarlos con cosas desagradables. Como no tengo hijos, tengo títeres y niños...

(Tomado de www.cubarte.cult.cu 21-5-2003)

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