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Un hombre es un hombre de Bertolt Brecht Sólo porque ellos son tan tontos e interesados, necesitan a esos otros, tan ingeniosos, que los manipulen. -Brecht- |
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Cía. Teatral Rita Montaner estreno: sábado 21 de agosto de 2010 - sala El Sótano funciones de viernes a domingo hasta noviembre - horarios habituales |
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-E L E N C O- Saly Gay: Rogel Roguez Sra. de Galy Gay: Mireya Chapman / Loretta Estévez Wang, monje tibetano: Jorge Luis de Cabo (Actuación Especial) Ametralladoristas: Uria Shelley: Esteban León Polly Baker: William Sinclaer Jesse Mahoney: Dayron Moreno Jeraiah Jip: Rogel Roguez Leocadia Begbick, cantinera: Mireya Chapman / Loretta Estévez Kayetano Melchora, soldado: Rafa Quesada Enrico Forte, soldado: Rey Llanes |
diseños de escenografía y vestuario: Adán Rodríguez Falcón
diseño de iluminación: Leonardo Venegos
diseño de banda sonora: Fernando de Jesús
canciones originales: Wilma Alba Cal
diseño de programa: Manuel Olivera
asesoría teatral: Yerandy Fleites
producción: Pedro J. Fernández
asistencia de dirección: Anaysys Gregory Gil y Julio César León
Dirección Artística: Fernando Quiñones
Dirección General de la Cía. Teatral Rita Montaner: Gerardo Fulleda León
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-Fotos: Pedro del Río- |
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La maquina humana (texto del programa de manos)
Yerandy Fleites Pérez. San Miguel del Padrón (Cuba), agosto de 2010.
Es una dicha para el espectador cubano de hoy, y para el CUBANO de hoy, que la compañía teatral Rita Montaner, en esta ocasión y de la mano de Fernando Quiñónes Posada, haya decidido llevar a escena una de las piezas más notables del gran dramaturgo alemán Bertolt Brecht. Brecht, y recordemos en su haber obras como Madre Coraje y sus hijos o Galileo Galilei, o El alma buena de Se-Chuan, o, La ópera de los dos centavos, es, desde hace mucho, una ausencia palpable en nuestro panorama escénico nacional, una ausencia que, tal vez, bajo ningún concepto deberíamos permitirnos. Pues esta noche, camaradas, señoras y señores, soldadesca del día a día, El Sótano capitalino se complace en presentarles Un hombre es un hombre.
Un hombre es un hombre (1926), es una pieza que “en estos tiempos que corren” está siendo estrenada en los más importantes escenarios del mundo. Motivaciones, sobran. El hecho simple o el hecho complejo, de que la dramática de la obra se sustente en núcleo tan escabroso como es el universo militarista, ya es razón suficiente como para dialogar con las más diversas preocupantes del hombre contemporáneo frente al futuro rayano e incierto de un mundo en caos, a punto de un súbito y extraño, otro, big bang. Pero aunque la magnitud de la obra radica sin lugar a dudas en esa guerra, su verdadera intensidad, no se engañe camarada, se encuentra en el cuestionamiento objetivo que hace Brecht sobre la moral del individuo, sea en la paz o en la guerra, en una fábrica, en el cosmos o en una florería, lo importante es el hombre y su naturaleza, su capacidad de elección, su responsabilidad como ser social, su “maletín”, su SER O NO SER, cual suerte de “metamorfosis del estibador Galy Gay”, como bien subtitula la obra el autor. Entonces sería válido preguntarnos, camaradas, si realmente un hombre es cualquier hombre o si un hombre es realmente todos los hombres, incluso, si un hombre es nada más que eso: un hombre; corrosible, reciclable, sustituible, desechable. Téngalo en cuenta.
La puesta en escena aprovecha el criterio brechtiano en su discurso y desde su teatralidad, claro está, pero se replantea una lectura que dista mucho de cualquier tratamiento vanguardista o de cualquier snobismo brechticista (¡buff!), ni tampoco se propone mostrar implementos sofisticados de representación, nada de eso, es un trabajo que a partir de la síntesis y de la contracción de la fábula de Brecht, se propone contar una historia lo más descarnada posible, lejos, bien lejos de todo artificio que no sea propiamente el relato actoral, y en donde utiliza, desde la farsa, la ironía como recurso principal (enfocado ejercicio de la crueldad), así como un trabajo de actualización de referentes para lograr un mayor acercamiento a nuestra realidad, un diálogo más concreto con nosotros los de la Cuba actual, con nosotros los prominentes Galy Gay del siglo XXI, con la fe brechtiano de que no lo seamos más o que nunca lo seamos.
Bienvenido, respetable público, a la guerra de los días.