Roberto Zucco:

El mito del antihéroe vuelve a la escena

 

por ADA ORAMAS

 

 

A la vuelta de seis años, Carlos Celdrán ha realizado una segunda aproximación a Roberto Zucco. Su decisión implicaba riesgos de toda índole, al luchar contra un primer estreno que perdura en el recuerdo, pero quizá se percató que, en el original de Bernard-Marie Koltés, todavía quedaban zonas oscuras que justificaban una nueva traducción a la escena.

 

Pocas veces ha ocurrido que una pieza teatral alcance la consagración en menos de una década. En el caso de esta obra podría decirse que ha ocurrido un hecho todavía más trascendente, que la sitúa entre las elegidas como inmortales.

 

No creo que ninguna otra pueda equipararse en reconocimiento a esta creación póstuma de un autor, consciente de su final próximo. Y quizá esta convicción le conminó a insuflarle las fuerzas que aún vibraban en su interior a este conjunto de personajes y muy en especial a su protagonista.

 

Koltés buscó un ser execrable para elevarlo al mito. Y en esta tarea de titanes fue alentando la vida teatral de un asesino sin escrúpulos que ni siquiera sentía placer al cometer sus crímenes. Los consideraba algo natural, que debía ocurrir, simplemente. Y así acuchilló a su padre, a su madre a un inspector de policía y a una niña.

 

UN ANTIHEROE DE LA POSTMODERNIDAD

 

Sin disponer del referente vivencial del conocimiento directo o indirecto del protagonista, Bernard-Marie Koltés esculpió dramatúrgicamente un ser enajenado, en una sociedad alucinada y alucinante, marcada por el síndrome del egocentrismo, sin el menor espíritu solidario, que no alienta la unidad, y sí la desestabilización.

Regresa un clásico a la escena cubana.

 

Aunque no había podido acercarse por la vía más directa a este hombre, evocador de la furia devastadora de Nerón; de la duda obsesiva de Hamlet; nutrido con las hieles de El lobo estepario, de Herman Hesse; y heredero de esquizoides como Jack el Destripador, Zucco emerge de la crónica roja francesa e italiana con una personalidad propia, que no es necesariamente la inherente al asesino real.

 

Este Roberto Zucco, afiebrado en su desesperación, aferrado a su angustia de escapar de la prisión, de escapar de su vida, de sus pasiones, de su encierro en el acoso de los pensamientos por una mente obnubilada, es el que conocimos los espectadoes, en la recontextualización de Koltés, que hace Carlos Celdrán a la escena cubana, con la óptica de una postmodernidad que adquiere nuevas resonancias en el siglo XXI.

 

Este ser que llena la escena con su tragedia, porque la obra adquiere esta dimensión, no intenta justificar sus acciones. Las asume sin el menor arrepentimiento, con el fatalismo del oráculo de Delfos, pues tal parece que en las capas más profundas de su pensamiento opina que no podía ocurrir de otra forma.

 

No se autoconsidera como la mano justiciera de un dios malvado, sus acciones marcaban el final de una cadena de acciones; por ello, enumera sus crímenes como podría referirse a otros hechos comunes de la vida cotidiana.

 

Pienso que Caleb Casas ha realizado una labor sumamente rigurosa en esta entronización de fuerzas contrarias al encarnar a Zucco, acorde a la estética del grupo Argos, en la cual los intérpretes exteriorizan sus sentimientos y los utilizan como canales de comunicación con los espectadores.

 

Es algo más que un desdoblamiento: es renunciar a sí mismo para posesionarse del otro, en una renuncia a su propio yo, es la concentración absoluta, a partir del sí mágico (si yo estuviera en esa situación, sería...), hasta olvidarse de la distancia que le separa de su personaje, asumirlo y asumirse.

 

LO ESPACIAL ADQUIERE UN PRIMER PLANO

Caleb Casas (Roberto Zucco) y Yailene Sierra (la mujer elegante), con su trabajo actoral de están entre las virtudes de esta versión.

 

Uno de los aspectos de mayor significación en cuanto a los recursos expresivos de la puesta en escena es la utilización del espacio para establecer una unidad dialéctica entre sintaxis y semántica, o dicho de otro modo: cómo se dice y lo que se dice.

 

Y esa coherencia entre forma y contenido va quedando inscrita en el mensaje que recibe el receptor a través de esa simultaneidad de acciones que ocurren en escena. Se inician con la fuga del protagonista y la secuencia de acciones que vuelven al punto de partida completan ese círculo que lo encierra y aprisiona, dando esa ambigüedad entre ficción y realidad.

 

Esa desesperación, esa angustia incontenible, avasalladora de Zucco se introduce en la piel y se va transformando en un microbio que devora, como confiesa el Inspector Melancólico en una paráfrasis de sus presentimientos, que le llevan a un miedo cerval, muy cercano al pánico, en su orgánica interiorización de Danilo Aguilar, quien destaca también en su desdoblamiento hacia otros personajes como el forzudo y el guardia segundo.

 

Verónica Díaz dibuja con trazo fuerte la personalidad de la madre y logra escenas estremecedoras y con el aliento trágico que exige la trama. José Luis Hidalgo muestra una capacidad admirable de transmutación en la diversidad de caracteres que ha de perfilar en escena, desde el padre, el señor mayor, un inspector y el guardia primero.

 

Yailene Sierra supo aprovechar las posibilidades que propicia la caótica situación de la madre que ve asesinar a su hija y transita con maestría por las reacciones que se operan en la expresión de su dolor, hasta llegar al paroxismo de la impotencia.

 

La dirección de actores en este título resulta una tarea ímproba, aun cuando no todos respondieron al esfuerzo y la creatividad de Carlos Celdrán, pues en algunos casos observé impostaciones falseadas en la voz.

 

Sin embargo, ello no desmerece esta puesta trabajada con tanto esmero, en la cual la utilización de paneles movidos por los mismos actores, no permitió que decayera el ritmo. Aunque quizás hubiera sido más efectivo aún prescindir de los oscurecimientos que detienen por segundos el fluir vertiginoso de una representación cuya conceptualización y artesanía teatral es un ejemplo de un buen hacer en los límites establecidos por la cuarta pared.

 

(tomado del sitio web www.cubahora.cu La Habana, 15 de Julio del 2003)

 


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