Cocinando con Elvis
original de Lee Hall
puesta en escena: Sebastián Doggart, Eduardo Eimil y Lázaro Alderete
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| La actriz y directora general de Gaia Teatro de La Habana, Esther Cardoso, en su lograda interpretación de Mami, junto al joven actor Luis Toledano, como Suart. |
reposiciones en el Teatro Mella
4, 5, 6 y 7 de febrero de 2010 - horarios habituales
grupo Gaia Teatro de La Habana
Dirección General: Esther Cardoso
-fotos: cortesía de la agrupación-
estreno: sábado 4 de octubre de 2008 - Sala Avellaneda del Teatro Nacional
funciones de viernes a domingos en horarios habituales hasta el 2 de noviembre
| Cocinando con Elvis
es un raro espectáculo dentro de la escena cubana contemporánea. En
los diseños escénicos y también en la producción se advierte una
cara y lograda factura consecuentes con la rareza que
comienza por el texto mismo seleccionado, donde la comida y lo
comido representa un símbolo plural y de primer orden, de principio
a fin. El teatrista y realizador de audiovisuales de origen inglés Sebastián Doggart, quien encabeza la lista de los tres directores artístico del espectáculo exhibido en la sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba (a la manera de teatro arenas), junto a los cubanos Eduardo Eimil y Lázaro Alderete, nos ha presentado una propuesta con componentes del teatro convencional, el humor negro y el drama psicológico, tomando en consideración también el estilo narrativo. Con un buen balance actoral e impecables diseños de escenografía, vestuario e iluminación, durante casi dos horas de duración una familia, en un contexto marcadamente británico (a pesar de las abundantes expresiones criollas insertadas), muestran conflictos de convivencia y supervivencia; uno de ellos fue imitador de Elvis Presley, y ahora yace paralítico en una silla de ruedas, de la que por instantes sale -en narración retrospectiva- y adornado con vistosos y característicos atuendos canta y dialoga con el público. Si las relaciones entre la madre, la hija y el joven amante de ambas no posee particular complicación dramática, finalmente me llevé la impresión de que pudiera existir un contrapuesto mensaje -y tal vez más de una lectura que no llegué a advertir-relacionado con la paradoja de que "el amor acaba (o puede acabar) en la cocina". También quise imaginar al grupo de dinámicos y bien interrelacionados actores -donde se destacan Esther Cardoso y Yailín Coppola- defendiendo otro -y es mi opinión- más rico texto que mejor se correspondiera con la realidad social y cultural de los cubanos, a pesar de la presencia de signos que demuestran que esto no dejó de ser preocupación para los responsables de la puesta. Cocinando con Elvis, que tuvo su origen cuando hace ya varios años Sebastián Doggart dirigió en La Habana una lectura dramatizada de la misma, será repuesta a principios del año 2009, posiblemente -según nos informó parte del amable equipo realizador- en el también capitalino teatro Mella: otra oportunidad para que los que no asistieron a alguna de estas 14 funciones del 2008, no dejen de tener su propia opinión acerca de su encuentro con esta oferta del grupo teatral que cuenta con dirección general de la talentosa Esther Cardoso, una indudable mujer de teatro. -Pepe Murrieta, domingo 2 de noviembre´08- |
NOTAS AL PROGRAMA DE MANOS
Salsa inglesa
Cocinando con Elvis, de Lee Hall, es un maravilloso texto, bien
pensado y escrito, ubicado en New Castle, Inglaterra, a fines del siglo
pasado.
El autor prepara una “salsa bien condimentada” para llevarnos de la mano a través de los cuatro grandes temas presentes en su obra: la familia, el sexo, la comida y la música, todos cercanos a la sensibilidad de los cubanos.
Esta es la historia de una familia disfuncional, donde hay una mami ninfómana, un padre cuadripléjico quien fuera un gran imitador de Elvis Presley y una hija adolescente cuyas obsesiones son el sexo y la comida. La llegada de Stuart, un joven panadero, caotiza el conflicto.
Lee Hall nos hace disfrutar y reflexionar acerca de la familia contemporánea mediante la situaciones extremas que hace vivir a sus personajes; momentos macabros y difíciles, pero llenos de ironía, en los que todos tratan de encontrar ese ¨algo que los llene¨. Esperamos que el público disfrute de nuestro humilde espectáculo con la certeza de que lo que verán en él, “es sólo arte”. Rogamos que no traten de reproducir en sus hogares las maravillas de las que serán testigos, pero a la vez comprendan que, en el fondo, estos personajes no son más que seres humanos que aman, esperan y temen; que pasan todos sus días en busca de un poco de felicidad…
Y este es el regalo que Gaia Teatro de La Habana les quiere obsequiar. Disfruten, pues, de esta pieza, cuyos derechos ha cedido amablemente su autor, para que ustedes, ¨gente buena toda¨, degusten Cocinando con Elvis.
-Lázaro Alderete-
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A modo de aperitivo
La familia es y ha sido siempre el núcleo central de la sociedad- al menos eso repetían las lecciones de los libros de cívica escolares. Es bajo el techo hogareño que se aprenden normas y modelos de conducta que luego serán utilizados a la hora de entablar relaciones con el entorno. Cocinando con Elvis es un texto que se detiene precisamente en los problemas de una familia de estos tiempos.
La obra pertenece a Lee Hall, un dramaturgo inglés conocido en nuestro país especialmente por sus guiones para cine, -inolvidable para todos el filme Billy Elliot. Su texto Cocinando con Elvis fue estrenado con éxito de crítica y público en Edimburgo durante 1999. Llega a Cuba en abril del año 2000, fecha en que se realizó una lectura dramática en el Piano Bar Delirio Habanero del Teatro Nacional en colaboración con el Proyecto Gaia, actualmente Gaia Teatro de la Habana, colectivo que hoy asume la puesta.
Papi, Mami, y Jill devienen de cierto modo en arquetipos de la familia y por tanto de la sociedad moderna. Ante la desolación que los rodea cada uno intenta buscar la salvación a su modo, ya sea mediante la bebida, la comida o el sexo -estos dos últimos con un marcado paralelismo en el texto. El conflicto se inicia cuando la Mami lleva a su amante a vivir con ella. Es entonces que ocurren una serie de acontecimientos que atentan contra los lazos familiares y conducen la obra hacia su desenlace.
Cocinando con Elvis resulta una comedia negra de hondo pesimismo, aún cuando termina con un desenlace aparentemente feliz. Notamos una tremenda carga de ironía en tanto la estructura de la obra es circular, pues los conflictos esenciales que envuelven a los protagonistas permanecen irresolubles.
Si bien la crisis de la familia se plantea como constante en este montaje es imposible negar que la búsqueda de la felicidad es otro de los tópicos imprescindibles. El dolor y la tristeza parecen ensañarse en las personas comunes y corrientes. La felicidad se escapa siempre. Sólo Jill parece atraparla por un instante cuando al final asegura:
“(…) Quizá la vida se trata de esos diminutos momentos que nos sostienen a través de toda la oscuridad: las pequeñas cosas. Como una cena deliciosa o un momentico de bondad o una sonrisa, -sólo por un breve segundo. Quizá se trata de no rendirse y quizá todos tenemos que intentarlo.”
-Barbarella González Acevedo-