Raquel Revuelta en la memoria

Por Esther Suárez Durán

 
(tomado de www.cubarte.cult.cu 05 de Febrero, 2004 )

 

Los días finales de enero nos trajeron una triste nueva: el día 24 Raquel Revuelta Planas culminaba su existencia física entre nosotros, a la edad de 79 años, dejando tras de sí una estela de gloria y leyenda.

 

Había nacido en La Habana el 14 de noviembre de 1925, en un medio muy humilde, y, gracias a la guía de su padre, hombre sensible e inquieto, conoce la poesía y se inicia en el arte de la declamación. De esta manera, siendo apenas una adolescente consigue triunfar en la Corte Suprema del Arte y en La Escala de la Fama, espacios dedicados a la búsqueda de nuevos valores en el arte.

En 1941, --momento fundacional de Teatro Popular, institución dirigida por Paco Alfonso y vinculada de manera explícita a los sindicatos y los sectores más humildes del país--, integra las filas de la agrupación, con lo cual inicia una ruta de compromiso social y político con la que sería consecuente hasta su último aliento.

Poco después de que , en 1943, el Partido Unión Revolucionaria Comunista creara Mil Diez, La Emisora del Pueblo, la actriz inicia su trabajo en la radio y, más tarde, se incorpora a la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo que agrupaba a los artistas e intelectuales más progresistas de la época y que tendría una gran trascendencia en la vida cultural del país.

En 1947 obtiene su primer reconocimiento de envergadura, el Premio Talía de ese año a la mejor actuación femenina por su desempeño en la obra Nada menos que todo un hombre, de Miguel de Unamuno, bajo la dirección de Luis Amado Blanco, con el Patronato del Teatro, lauro con que volverá a ser distinguida en 1952, junto con el Premio de la Unión de la Crónica Tele Radial Diaria (UCTRD), y el Premio de los periódicos Avance e Información, a los cuales les seguirán, en 1954, el Trofeo Antillana, de los Redactores Cinematográficos y Teatrales, por las películas filmadas en Cuba y México, el Gran Premio Avellaneda, de los Críticos Asociados de Radio y TV, como la Actriz Más Valiosa del Año, y, en 1956, el Premio de la Agrupación de Redactores Teatrales y Cinematográficos como la Mejor Actriz del Año por su notable desempeño en Juana de Lorena, obra dirigida por su hermano Vicente que constituye el embrión de la fecunda aventura que poco después será Teatro Estudio.

Por este tiempo su reconocida calidad y sus singulares dotes físicas—una mujer de excepcional belleza y hermosa voz, con cierto aire de misterio y enigma-- la llevan a convertirse en primerísima figura de la televisión, protagonizando dos espacios fijos semanales, popularidad que Raquel utilizará sabiamente en pro de la causa revolucionaria, en la cual ya estaba involucrada, y, muy especialmente, en el desarrollo de un teatro con definidos propósitos de servicio social y alta calidad artística.

Es así que, en 1958, en medio de un ambiente cultural proclive a la mercantilización del arte, crea junto a Vicente y otros seis artistas, el grupo Teatro Estudio, que se constituiría en la empresa de su vida y al que estará eternamente unido su nombre, agrupación paradigmática de la escena cubana que el pasado año hubo de celebrar sus cuarenta y cinco años de existencia, la mayoría de ellos bajo la dirección general de Raquel Revuelta.

En dicha institución, formadora fecunda de actores, directores, dramaturgos, diseñadores y técnicos, productora de gran parte de los más importantes acontecimientos culturales de la escena cubana a partir de la segunda mitad del pasado siglo, se desempeñó, además, como actriz y directora artística, y son aún recordados sus singulares protagónicos en Madre Coraje, El alma buena de Se Chuan, Fuenteovejuna, Santa Juana de América, Comedia a la antigua, y sus puestas en escena de Tupac Amaru, La ronda, Los diez días que estremecieron al mundo-- junto al importante director ruso Yuri Liubímov--, y, sobre todo, Doña Rosita la soltera.

Vuelve al cine, durante los sesenta, con la ya mítica Lucía, de Humberto Solás, bajo cuya dirección interviene posteriormente en Cecilia y en Un hombre de éxito. Por su importante labor en este medio recibe, en 1997, el Premio Coral por el conjunto de su obra, otorgado por el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

En la televisión protagoniza, en los setenta, la novela Doña Bárbara, de Rómulo Gallego, bajo la dirección de Roberto Garriga.

Durante todo este tiempo participa como jurado en certámenes literarios y teatrales y en festivales de cine, tanto en Cuba como en el extranjero, y se dedica a la docencia y la formación de actores como Profesora Titular del Instituto Superior de Arte, donde también se desempeña por un período como Decana de la Facultad de Artes Escénicas. En reconocimiento a su labor dicha institución le otorgó, en 1985, el título de Doctora Honoris Causa en Artes.

En 1999, al ser instituido el Premio Nacional de Teatro que reconoce la obra de toda una vida, Raquel y Vicente Revuelta resultaron los primeros en recibirlo. Con anterioridad le habían sido otorgados la Distinción por la Cultura Nacional, que concede el Ministro de Cultura, la Medalla Alejo Carpentier y la Orden Félix Varela del Consejo de Estado de la República de Cuba.

Durante los últimos años Raquel Revuelta continuaba desempeñándose como Directora General del grupo Teatro Estudio--donde en el 2002 realizó la que fuera su última puesta en escena, el Tartufo de Moliere, en una versión personalísima--, a la vez que presidía la filial cubana del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT), entidad cultural de promoción e investigación artística que agrupa a numerosos teatristas de Iberoamérica.

Ajena a todo divismo, a las veleidades de la fama, retraída ante el halago, deja tras de sí una vida intensa entregada al teatro y la cultura cubanos, un ejemplo de honestidad artística, de exigencia e inconformidad perenne. Juana, Madre Coraje, Doña Bárbara, Cecilia, Laurencia; en todas y cada una, Raquel. Un nombre que, tal vez a su pesar, es todo un mito en la historia contemporánea de nuestra escena.


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